”Nunca he intentado hacer ilustraciones del apartheid, pero mis dibujos y películas han sido claramente fecundados y alimentados por la brutalizada sociedad que quedó a su paso.” W. K.
William Kentridge se graduó en Ciencias Políticas y estudios Africanos. Posteriormente se dedicó a la Fundación de Arte de Johannesburgo, tomó cursos de mímica y teatro, y trabajó como director artístico para varias series de televisión y películas. En 1988 estuvo entre los fundadores de Free Filmmakers’ Cooperativa de Johannesburgo, y empezó a trabajar intensamente en el teatro, como actor, como director e incluso como decorador. En 1989 produjo su primera película de animación y a partir de este momento empezó a tomar peso en el panorama artístico internacional.
Aunque se mueve entre múltiples disciplinas como cine, dibujo y teatro, tal vez la parte de su obra que hasta ahora le ha dado mayor proyección son los cortos de animación, creados a partir de dibujos hechos con carboncillo que va modificando, borrando y redibujando durante la filmación.
Su modo artesanal de trabajar para crear las animaciones (fotografiando paso a paso el dibujo en continua transformación, borrando lo dibujado y dibujando de nuevo), produce unos efectos curiosos y fantasmales, que se convierten en inquietantes metáforas visuales: las cosas se desdibujan, un gato se convierte en teléfono, los cuerpos se funden en el paisaje... pero dejan rastro de su metamorfosis en el papel. Los objetos aparecen y desaparecen, se metamorfosean en otros y se crea una narración poética.
Para elaborar un corto de unos 10 minutos, Kentridge utiliza unos 20 dibujos "base" a los que somete a transformaciones continuas. Él controla todo el proceso de elaboración de la película. En sus primeras animaciones trabajaba únicamente con papel y carboncillo, actualmente está empezando a incorporar otros recursos técnicos y collages diversos.
Como apunta Carolyn Christov-Bakargeiv, especialista en el trabajo del artista:
"La técnica de borrado de Kentridge se hace eco de una de las estrategias del racismo en la época moderna. La modernidad es una moneda de dos caras: por una parte valora el progreso, la razón y los valores universales de la Ilustración, como la democracia. Por otra, valora al individuo (la persona) y la subjetividad colectiva (la nación). Cuando Estado y Nación coinciden se desarrolla el racismo, ya sea sobre las bases de hacer inferior e ¿invisible? (borrado) al grupo que discrimina, asignándole las tareas más humildes de la sociedad (opresión), o sobre las bases de la segregación y diferenciación de un grupo porque sus características culturales son percibidas como un peligro para la pureza e integridad de la cultura del grupo dominante (separación)."
Mine (1991)
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