Es ajena y extraña. Si la observas
no puedes evitar el sonreírte.
A nadie le interesan sus manías
—no digamos a ti que las conoces—.
A veces finges crédito a su historia
para no entristecerla.
Mas con todo
has aprendido a valorar su astucia:
si su encanto ya no es el de una joven
hay días que aún consigue seducirte.
Los años van haciéndola más vieja,
un poquitín ridícula y sin duda
irritante. —¿De qué modo tratarla?—
Debes tener paciencia, pues al cabo
qué hacer si no.
En la National Gallery de Londres, en una sala pequeña, están enfrentadas dos piezas magníficas, que atrapan al espectador en su juego de reflejos como debían hacer las esfinges, custodias de los umbrales que no deben traspasarse. A ellas pertenecen estas miradas, la de un hombre de 34 años, la de un anciano de 63 .
Lucy Schwob (Nantes, 1894-Jersey, 1954) eligió renombrarse como Claude Cahun. Extraña, inquieta, iconoclasta, inencajable... una de esas mujeres que hicieron lo que querían a pesar de tantos condicionantes en contra. Poeta, escritora, comediante, activista revolucionaria, nos dejó una serie de autorretratos nada condescendientes e imposibles de olvidar.
"La excepción confirma la regla, y asimismo la invalida. Tengo la manía de la excepción. La veo más grande de lo normal. Sólo la veo a ella. La regla no me interesa más que en función de sus desechos que convierto en alimento. Así me desclaso adrede. Peor para mí." Claude Cahun
"Próxima al círculo surrealista, amiga de Bataille, de Michaux, su obra, como la de éstos, resulta más bien oblicua al surrealismo, interesada en especial por el propio cuerpo y por las zonas de penumbra que en su representación le permiten generar mutaciones, transformaciones. Si toda fotografía, al menos la fotografía clásica, afirma: "esto que ves ha existido, doy fe, así era" —haciéndonos entrar en la ilusión de la mimesis—, y el autorretrato propone: "mírame, soy yo" —señalando una identidad fuerte—, el trabajo de Cahun quiebra estos postulados inquietando al espectador al realizar, a la vez que una crítica de la mirada —crítica del conocimiento—, una crítica de la propia identidad sexual y de la identidad misma. De frente, de perfil, con la cabeza rapada, depiladas pestañas y cejas, poniendo de relieve su ganchuda silueta de pájaro, con el pelo a cepillo y teñido de rosa, de verde, de oro metalizado, con camiseta de tirantes o masculina americana negra, con el rostro tiznado, con alas de ángel y gesto de demonio, con pose y atuendo de golfillo, ora hombre, ora mujer, Cahun efectúa en los autorretratos un ejercicio de visualización de su cuerpo que da cabida al análisis de los prejuicios de toda representación y, a la vez, le permite expresar la opacidad y la dulzura de una sensibilidad quebradiza y precaria. No hay un único interior, un alma: hay imágenes, momentos, hay teatralidad y dolor, hay juego." Olvido García Valdés, en un artículo titulado Corazón doble con motivo de una exposición de Claude en el IVAM
Hombrelobo me pone en la pista de foundphotos.net, un lugar donde se recogen fotos que la gente cuelga sin protección en lugares de internet. Son fotos personales, que probablemente nadie tenía intención de hacer públicas fuera de su grupo de amigos...
El resultado es un friso de imágenes del ser humano contemporáneo, a mí me ha resultado fascinante. Me encanta ver lo que ocurre en el interior de las casas, lo que hace la gente, cómo vive...
La mayor parte son de mala calidad, pero algunas son preciosas.
Son fotos espontáneas, tomadas al vuelo y todas hablan de la vida: amigos, juergas, trabajo y vacaciones, soledad, mascotas, prácticas de tiro, alegría, frustración, heridas y cicatrices, pavos rellenos, playas y montañas, vomitonas, miradas de amor, de envidia, de deseo...
A mí me conmueven especialmente los autorretratos, las fotos de los jóvenes buscándose, las de sus momentos de aburrimiento, las que nos hacemos en el espejo del cuarto de baño queriendo saber, tal vez, cómo somos, quienes somos...
Como esta adolescente, que se fotografía con su cuidado look siniestro, flequillo lánguido, indumentaria negra, la daga en el cuello...
pero detrás no tiene un salón de castillo en penumbra, sino su inevitable, cruda, realidad de piso de protección oficial, con su papel pintado de flores, ese armarito blanco, el perchero cutre y esa instalación eléctrica que convendría renovar...
... menudo trabajo tiene por delante para hacerse un sitio donde vivir entre esos dos mundos antagónicos, pobrecita.
Siempre me ha fascinado este autorretrato de Sofonisba Anguissola (Cremona, 1532-Nápoles, 1625).
A partir de esta jovencita toda ojos verdes interrogantes he descubierto a una pintora que se enfrentó al espejo llena de curiosidad a lo largo de toda su vida, tiene muchos autorretratos, en cuadro o en miniatura.
gozó de notoriedad en su tiempo (la admiraron Miguel Ángel y Van Dyck, la apreció Vassari, su obra formó parte de las más calificadas colecciones -como la del romano Fulvio Orsini que pasaría a los Farnese, en su inventario hay cuatro sofonisbas, acompañados de tizianos y leonardos-), y que a su muerte pasó al olvido. Sus obras se adjudicaron a Zurbarán, Moro, Tiziano, Sánchez Coello, Bronzino, Moroni, Greco, según Herbert Cook incluso a Van Dyck y posiblemente a Leonardo.
Me gustan los autorretratos. Me atraen sin remedio.
Me parece que el artista, si consigue superar la primera y torpe trampa del narcisismo, nos ofrece a veces una visión de sí mismo muy íntima y sin veladuras. Un autorretrato es algo que se hace a solas, sin prisas, sin imposiciones ni restricciones. En soledad, en libertad y, por tanto, con temor y temblor.
No sé como va a desarrollar su carrera, pero no me digan que no es extraordinario este autorretrato que encontré, como de costumbre, casualmente en la red:
Face 3 (Self Portrait) 2004 oil on polyester 150×210cm
Estas son algunas de sus otras piezas. Le deseo un brillante futuro.
Sarah Goodridge (1788-1853), se ganaba la vida como pintora de miniaturas.
Según cuentan Sarah estaba enamorada de Daniel Webster, uno de sus clientes habituales, orador, político y... casado.
Cuando el hombre enviudó, ella le regaló este Beauty Revealed, un autorretrato "íntimo" revelándole, literalmente, su belleza y su mundo interior.
Un hermoso modo de hacerle saber que estaba dispuesta a entregarse a él.
Pero el tipo no supo valorar el esplendor del gesto y prefirió un matrimonio por interés con el que promocionar su carrera política.
Es impresionante imaginar a una "solterona de 40 años" (pues eso es lo que era una mujer soltera a esa edad a principios del siglo XIX) pintando semejante imagen para entregarla al objeto de sus desvelos, fue una mujer muy valiente o muy loca (de amor, supongo).
Me encanta la imagen (es una miniatura pintada en marfil).
Y la historia del gesto.
Una pena que al tal Webster le interesara más medrar en política que esta mujer tan poco estándard, nos fastidió el final feliz.
Bonito seno, por cierto. Seguro que le hubiera encantado a Ramón