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19/6/15

perros y gatos

Uno es mucho más capaz de perdonarse el ridículo que hizo hace diez años que el que hizo hace diez minutos. No recuerdo quien lo dijo. Pero ¡cuanta verdad!

Me ha encantado encontrar este cuento.
Los entresijos de un ordenador son como el fondo de un armario.
El día que pillas un plumero y empiezas a sacar trastos y hacer limpieza general, te puedes encontrar tesoros olvidados.

Como éste. Me lo escribió con no poco recochineo mi querido José Luis recreando literariamente una historia, ejem, ligeramente basada en hechos reales. Afortunadamente ya muy lejanos.


Linda, una jovencita en 2006 con las uñas pintadas

LA VERDAD SOBRE PERROS Y GATOS

José Luis Piquero
Judith Gallimó


Detesto los animales. No me llevo bien con los perros ni con los gatos. Ellos no se llevan bien conmigo.
Con estos antecedentes, ¿por qué los amigos se empeñan en dejarme sus mascotas cuando se van de vacaciones? Respuesta, muy esperable: porque yo no me voy de vacaciones. En realidad, nunca voy a ningún sitio.

El año pasado tuve al gato de Jordi. Arañó a conciencia las patas de mi sofá, me destrozó las cortinas del salón y me llenó la casa de pelos. Eso y los sustos que me daba cuando irrumpía silenciosamente en la cocina y me rozaba las piernas con su lomo peludo. Pero nada fue comparable con Linda, la perra de Mariona, una boxer con horribles problemas digestivos que hace unas cacas espantosas (me refiero a Linda, no a Mariona).

Mariona se fue a Tánger con su novio y yo no pude decir que no.
-Es riquísima, super-cariñosa, ya verás.
-Sí, pero ese problemilla digestivo...
-¡No pasa nada! ¡No pasa nada! Verás: tiene un régimen especial con un pienso que le arregla la tripita. Por supuesto, yo te doy el pienso también.
-El caso es que en este momento no me viene que digamos...
-Mujer, no me hagas esto. Si es que no tengo con quién dejarla, pobrecita. Mira, si tú me dices que no, no voy a Tánger.
-Tampoco es eso.
-No voy, no voy...
Mariona ha estado dos años sola, llorando su separación como una magdalena. ¿Cómo voy a dejarla en casa, ahora que tiene novio y ocasión de ver mundo y salir del agujero?
-Explícame lo del pienso...

Así que mandé a los niños a colonias y cambié mi verano de libertad sola en casa por un verano con Linda. Agosto trajo un calor infernal pero al menos, con el pienso, Linda no daba problemas. Puede ser que me despistara un poco con eso; quizá una vez o dos la dejé comer carne. Un día, al llegar de trabajar, la peste me asaltó nada más abrir la puerta.
-¡Linda, qué has hecho!
Linda me miraba con ojos que decían: no he sido yo, no sé quién habrá sido. La caca estaba untada (esa es la palabra justa) por toda la alfombra y el parquet.

Recurrí al pienso. En el saco, un primo hermano de Linda se relamía los hocicos. Debajo ponía “Sensibility Control”. El saco estaba casi vacío.
-No te muevas de aquí. Voy a comprar tu medicina.
En la primera tienda de animales que encontré no tenían el pienso. Demasiado tarde, cuando ya lo había pedido, reparé en la ridiculez del nombrecito. Parecía que estaba pidiendo una caja de condones. La dependienta añadió, malvadamente:
-No sé si lo siguen fabricando, yo creo que no. Pero a algunas casas tal vez les queden stocks. Pruebe en X.

Recorrí todas las tiendas que conocía sin ningún éxito. Siempre aseguraban que lo tenían en X o en Y, pero cuando iba y preguntaba, se acababa de terminar. Parecía la persecución de un ladrón que siempre se me adelantaba. Tuve que anular mi clase de yoga y bajar al centro.
-No lo tenemos, pero suba al primer piso, a la consulta del veterinario. Allí seguro que tienen.

Una perseverancia como la mía tenía que tener alguna recompensa. Pero entonces no lo sospechaba. Subí al primer piso, llamé al timbre y me abrió el propio veterinario. Me quedé prendada de él.

Aleluya, un hombre que me ponía, y mucho, en el lugar, día y hora menos pensado. Entre treinta y cuarenta años, flaco, moreno, bonitas cejas, buena mandíbula. Me invitó a sentarme mientras despedía al perro de dos gays. Tenía una hermosa voz de contralto (me refiero a él, no al perro).
Yo le observaba comentar el largo de las uñas del animalito y me sorpendía a mí misma pensando cosas como: “Ooooh, yo quiero que este hombre me mime así, que me pase esa misma mano por el lomo y me coja la patita y examine mis uñas con idéntico interés”. Instintivamente me miré las uñas: estaban sucias. Escondí las manos a la espalda.

Los gays se fueron. Él me miró con simpatía. Yo le miré con devoción, metí barriga y le expliqué mi problema: “Sensibility Control”. De nuevo, las resonancias del nombre me hicieron sonrojar, pero esta vez de placer.
-Tengo un poco por aquí y espero recibir más. Pero no queda mucho. Ya no lo fabrican.
-Lo sé, no importa, digo: gracias.
-A ver el precio...
Buscó un papel, luego buscó otro. Se confundió, volvió al primero. Parecía confuso. Se me antojó una buena señal.

-Así que tu perro es un…
-Una perra. En realidad no es mía, es de una amiga...
-Y tú no tienes...
Era adorable la forma en que no terminaba ninguna frase.
-Bueno, sí, yo tengo dos hijos -Me mordí los labios. Ya era tarde para arreglarlo. Añadí, confusamente-: Soy divorciada.
¿No se abriría la tierra y me tragaría antes de seguir diciendo estupideces? No se abrió. En cambio, él esbozó una sonrisa (sus dientes eran perfectos) y dijo algo que me pareció muy adecuado:
-¿Como todo el mundo, no? –(¿Él también? Concédeme Dios esta pequeña gracia y seré buena siempre). Pero dejó este punto sin aclarar.
En ese momento sonó el teléfono. Yo dejé de morder el borde del saco de “Sensibility Control” y me despedí rápidamente, antes de que el aparato me robara su atención:
-Volveré a por más. Esto no me durará nada.
Gané la calle temblando.



Dejé pasar cuatro días prudenciales antes de volver. En ese tiempo, a Linda se le fue arreglando la tripita y yo empecé a cogerle cariño. Al fin y al cabo, gracias a ella había encontrado al hombre de mi vida. ¡Era tan guapo! ¡Y médico! Bueno, casi.
Mi karma había mejorado mucho, dijo mi instructor. Aunque nada podía detener las asechanzas del mundo: mi ex llamó para pedirme la dirección de las colonias.
-¿Es que piensas ir el Día de la Familia?
-Eso quería decirte. Voy a ir con Laura y, la verdad, sería... incómodo para ella que tú también estuvieras por allí.
-Oye, entre Laura y su madre, supongo que preferirán ver a su madre, ¿no te parece?
-¿Ya estás poniendo problemas? ¿Sigues sin novio, no?
-Eres un imbécil.
-Y tú una capulla.

Llegué de mal humor a la consulta. Para colmo, era un mal momento. La sala de espera estaba llena de perros y gatos. Encargué un saco grande.
-Será mejor que me des el teléfono –dijo-. Yo hablaré directamente con la fábrica.
-Este es el móvil, este es el fijo y este es el del trabajo.
¿Eran imaginaciones mías o estaba nervioso? Bajé las escaleras más contenta que una quinceañera con un autógrafo de Alejandro Sanz.

El lunes me llamó. Tendría un saco de seis kilos para el viernes siguiente. Si me venía bien, podría pasar a recogerlo el viernes a última hora. Le aseguré que me venía muy bien. Perfecto, él acababa la consulta a las ocho y media. Sonaba prometedor...

Esa tarde se presentó Antonio para quedarse unos días. Antonio no tiene problemas de novios (los colecciona) y, por eso mismo, siempre se puede contar con él para un buen consejo o el diseño de estrategias sumamente eficaces.
Nos pasamos la semana haciendo proxémica, ensayando el “momento viernes”. Se trataba de cómo proponerle tomar un café sin que el corazón se me saliera por la boca. Linda nos miraba asombrada.

-Lo importante es encontrar el equilibrio justo en la aproximación. No puedes ser demasiado indiferente, porque entonces podría sonar como una simple cortesía. Pero tampoco tienes que parecer ansiosa. Ahora presta atención, yo soy tú...

El viernes llegó como un suspiro. Yo estaba nerviosa, depilada y duchada, tenía la casa recogida y a Antonio alerta, con la maleta hecha y las llaves del piso de mi hermana por si, llegado el caso, el asunto había ido tan bien que tuviera que llamarle para que desapareciera de casa a la voz de ya.
Salí como quien parte a descubrir las cataratas Victoria.

Quizá llegué demasiado pronto. Se marchaba un gato y aún había un perro faldero esperando. Yo los odiaba y ahora los odio más.
-Pasa, ya tengo el saco. –Y a la dueña del perrito-: ¿Te importa? Es un momento.
-Tranquilo.
-Si no tengo prisa... –aventuré yo. Él ignoró la sugerencia.
-Aquí tienes. Me han asegurado que pueden suministrarme más en un par de semanas. Son 28 con 70.
Yo tenía una invitación y un café en la punta de la lengua. Trabajosamente, porque tenía la boca seca, me los tragué.
Cuando salía, la dama del perrito y mi hombre se saludaban con un piquito en los labios.



-¿Antonio? Que voy para allá.
-¿Ya? ¡Qué rapidez! Me marcho ahora mismo.
-Coge las llaves y baja a echarme una mano. Estoy caminando por la calle con un saco de pienso de seis kilos en los brazos. Me siento estúpida y esto pesa como un muerto.

El Día de la Familia me fui a las colonias. Los niños estaban muy morenos e insistieron en enseñarme su tienda de campaña. Por dentro olía como la consulta del veterinario.
Laura no apeó la cara de perro en toda la tarde.

12/12/09

Perder placer es triste

José Luis Piquero

Huecos

Perder placer es triste Luis Cernuda
Cuando estoy en su casa duermo solo. No me he atrevido nunca a afrontar el pasillo que velan los ronquidos frágiles de sus padres. A veces, en la noche, noto el hueco invisible que no ocupamos juntos. Y entonces pienso siempre en el amor que no hicimos en días de intimidad pospuesta y acaso sin saberlo. No en las húmedas noches ni en los prados borrosos de calor ni en las playas soleadas: en el vagón sin ella y en las tardes de clases y en los libros leídos y olvidados y en las peleas tontas y en esas dos semanas de necia calentura hasta que dijo sí. Ah, las aguas paradas, el corazón inquieto. Perder placer es triste y el deseo irreemplazable muere a cada instante en un mundo de amantes silenciosos. Pero por la mañana, cuando se van sus padres -vermú dominical-, ella viene a mi cama, soñolienta y desnuda. Su ternura que es próspera llena un hueco en el mundo y deja al corazón sin argumentos.






Luis Cernuda

Perder placer es triste

Adolescente fui en días idénticos a nubes, cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, y extraño es, si ese recuerdo busco, que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy. Perder placer es triste como la dulce lámpara sobre el lento nocturno; aquél fui, aquél fui, aquél he sido; era la ignorancia mi sombra. Ni gozo ni pena; fui niño prisionero entre muros cambiantes; historias como cuerpos, cristales como cielos, sueño luego, un sueño más alto que la vida. Cuando la muerte quiera una verdad quitar de entre mis manos, las hallará vacías, como en la adolescencia ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

14/6/09

adolescencia

Hace unos días me preguntaban si recuerdo la adolescencia. Perfectamente, la recuerdo desgarradora y atroz, tan vívida que la tengo al alcance de la emoción pese al paso de los -muchos- años.
Pero ahora me toca jugar en el papel de madre, difícil teniendo en cuenta que identifico aún como propias (de aquella que fui y que de algún modo debo seguir siendo) muchas de las emociones que encabronan a mi hijo contra mí... que soy el representante del "poder opresivo" que tiene más a mano.

Pero lo recuerdo, sí. A raíz de eso busqué "palabras de Caín adolescente" y sólo lo encontré en una página de buena intención pero con un aspecto kitsch que no le pega nada.
Merece estar disponible en la web sin alineación: centro. Me consta que Piquero se alinea más bien a la izquierda... no sólo en lo poético, de modo que ahí va:

Las imágenes son de Dan Hiller

José Luis Piquero:

Palabras de Caín adolescente



Yavé se complació en Abel y su ofrenda, mientras
que le desagradó Caín y la suya. Caín entonces se
encolerizó y su rostro se descompuso. Yavé le dijo:
¿Por qué te encolerizas y te muestras malhumorado?
Gén. 4, 4-6

Me he pasado la vida malgastando el cariño en personas que nunca me quisieron.

Yo sólo deseaba ser del grupo.

Tratado como un corruptor de sueños,

mantenido a distancia de niños y mascotas, como a quien por extraño no se recibe en casa,

he tenido que oír ya demasiadas veces que soy un impostor.

Tarde para los besos, para estrechar las manos,

tarde para las lágrimas y el arrepentimiento,

tarde para cualquier palabra.

Tarde:

por lo visto yo siempre llego tarde.

Y de noche, en la casa en donde todos duermen,

mientras fumo asomado a la ventana,

o en la mañana sórdida de cafés y cristales empañados, a solas con el mundo,

o en la blancura estéril de una página,

he comprendido -tarde- que es inútil querer ser otra cosa que el fantasma embustero que habéis hecho de mí,

un no-muerto cortado a la medida de todo lo que nunca quise ser,

alguien a quien sin duda me parezco, como un hombre a su máscara:

el hipócrita, el sucio y el que no es de fiar,

a un paso del ridículo (el cantante de moda o el bachiller con granos),

a un paso del horror (el buen chico que sale en los sucesos).

Soy el que traicionó tus confidencias.

El que maltrató al tonto de la clase.

El que lo enredó todo cuando los dos amigos disputaban la misma chica idiota.

El que habló mal de ti cuando no estabas y trató de poner en contra tuya al grupo.

El que usó del chantaje

sentimental (es fácil entre amigos)

para ahuyentar del grupo a los extraños,

vuestros otros amigos, que eran más ocurrentes, más experimentados y, qué pena,

más incautos.

El que juró y juró, “podéis creerme...” y “no sabía...”, y sí

sabía y consiguió que le creyeran.

Soy el que habló al oído de una chica asustada y -aún me acuerdo-

le imaginó un futuro más honorable, una salida digna, “hazlo, mujer”,

y durante un momento era todo posible, matar con una frase, aquel horror...

Mi máscara lo ha dicho, que soy ese:

agazapado, sórdido,

al que puedes tumbar con un buen puñetazo y zumba en torno tuyo,

pero nadie es al fin tan peligroso -piensas- cuando puedes tumbarlo con un buen puñetazo,

y luego es tarde, mira, ya te tengo.

Todos llegamos tarde alguna vez.

¿Y nada más? ¿Acaso os preguntasteis un instante qué oculta la máscara de un monstruo?

Me acuerdo de esa infancia interminable,

a caballo en la rama más valiente del árbol de los juegos.

Eso era algo; no

el paraíso exactamente, pero

-ternura pronta, cándido heroísmo y la avidez legítima del cachorro intocado-

allí existía el orden. Y es curioso

que a la luz de una infancia ideal los enemigos sean menos enemigos.

También ellos tuvieron ese miedo indefenso que redime

y una conmovedora propensión al llanto.

¿Sabéis quién soy a solas? El que escucha

canciones tristes.

He soñado a menudo redimir mi egoísmo con un gesto, dar mi vida

a cambio de otra vida,

ser el súbito héroe que muere en el incendio.

Pensad en mí lejano, la cabeza inclinada.

Toda esa gente afuera, tanto frío, las calles se bifurcan y el camino que lleva a la casa segura no se termina nunca.

Yo he pensado en la muerte y a menudo he ensayado una muerte inofensiva, de poca sangre y mucho, mucho miedo,

sólo para ahuyentar de mí todo el ridículo y el asco de mí mismo,

cuchilla en las muñecas, quemadura en los brazos para seguir viviendo,

porque al fin el dolor es la consciencia, es el ruido del mundo que a tu alrededor chilla y te agita los hombros.

Te aferras a esa vida con desesperación y, sin embargo,

eres adolescente: nunca sabes qué hacer ni qué decir, dónde poner las manos y los ojos.

Tu cuerpo ya es grotesco y esas chicas se ríen. No te gusta tu cara.

Estás enamorado. Más allá de las fórmulas, los libros te insinúan una vida más fácil en cualquier otra parte.



Los libros te consuelan en todo lo esencial.

Y tú en tu jaula estéril te revuelves, inútil, sudoroso, como en la noche insomne cuando el calor te ahoga.

Dando palos de ciego. La novia de tu amigo. Matarías con gusto cualquier signo de amor.

Usa de ese poder, usa los libros,

porque luego el perdón de Dios es una fórmula

y tú eres el no-muerto que debe defenderse, el hipócrita, el sucio y el corruptor de sueños.

Dolorosa esta edad en que siempre estás solo

y a tu alrededor nace

la flor limpia de un mundo que nunca es para ti.




Y ya puesta, no puedo evitar añadir otro (algun día le debo un largo post a JLP sobre la adolescencia en su poesía)




Don Juan en el jardín


La mitad de las chicas con las que me he acostado eran lesbianas.

He querido a mujeres con las que días antes no me hubiera atrevido ni a soñar.

No sé, les atraía

mi aspecto de vampiro que bebe la sangre entre sus piernas,

de adolescente enfermo que mira fijamente,

tiene oscuras costumbres y el pulso tembloroso.

Yo no era un gran amante pero eso no importaba.

A menudo,

en mitad de una noche de copas o de hogueras

o en mañanas inmensas en que nadie parece querer irse a comer,

he sabido de pronto que los dos a la vez descorremos el velo.

Era siempre una amiga

y añadiré que tengo una fe inquebrantable en las ventajas de la asiduidad.

(Porque en ojos abiertos como libros

tiene gracia leer también, mientras su mano

cruza el mantel del mundo hacia mi mano).

De cualquier forma, uno no sabe nunca cómo ha ocurrido todo,

cuáles son las razones que la animan a ella y eso de la ocasión que prosigue al deseo,

y he llegado a mi casa muchas noches oliéndome aún incrédulo las manos y los labios.

Pienso en cuartos prestados, mientras enero empaña los cristales,

y un lugar junto a un río y un portal de paredes desconchadas en Palacio Valdés,

un libro dedicado y una nota furtiva entre los dedos,

los sonetos y el humo de las noches

y la peca estratégica y el adorno del vello en vientres blancos, blancos:

escenarios, reliquias que atesoro con la codicia de un ladrón de espejos,

diciéndome a mí mismo -y es mentira-

que nunca abarataba todos aquellos besos que en el fondo jamás he merecido.

Las mujeres (haciéndonos regalos),

qué extrañas las mujeres.

Incluso si miramos atrás, a donde pacen

como sanos corderos los primeros recuerdos de las niñas.

Olían siempre bien, te gustaban sus juegos con canciones y sus cabezas juntas contándose quién sabe.

Hay un jardín de niñas en la memoria de todos nosotros; simplemente

nosotros no teníamos un maldito jardín sino un patio con grava y porterías,

y de ahí ser brutales y levantar las faldas de las chicas de 8º y escupir en el suelo mientras las niñas corren.





Luego pasan los años de mal entendimiento y palabras difíciles;

las chicas nos enseñan lo que saben

y nosotros creemos que ya hemos ocupado su jardín.

Nos han dejado entrar pero no es nuestro.

Se desnudan delante de nosotros, respiramos su olor y dejamos en ellas la alegre convulsión del perro amaestrado,

pero volvemos solos a ese patio con grava donde nosotros no somos mujeres.

A dos velas, heridos de tener todo y nada.

Y por eso

quisiera ser mujer en alguna otra vida o en un sueño posible y aprender el secreto.

No sé por qué se acuestan con los hombres

-se tienen a sí mismas- si después

tan sólo nos instruyen en lo más evidente.



Aunque luego -lo admito- yo mismo me he acostado con unos cuantos hombres,

y he recordado siempre lo que aprendí con ellas:

presta mucha atención

a las cosas pequeñas que adornan cualquier cuerpo

e, igual que en casa, cómetelo todo.






agg... como me gusta este poeta, y uno más:




Mensaje a los adolescentes

Esto no debéis intentar repetirlo en casa, niños.


Niños, probad a hacerlo en casa

y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.

Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.

Ellos no son vosotros.

Acostaos, bebed.

Hace siglos que están ocurriendo estas cosas

y nadie ha demostrado

que sean mucho peores que una guerra.

Existe un paraíso tras esa raya blanca.

Cuanto hace daño y no hacéis,

niños, lo estáis cambiando por la serenidad.

¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe?

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo

de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo

es un puesto en el mundo;

ahora bien,

niños,

que levante la mano el que quiera morirse siendo útil y sensato.

Tenéis razón: no es nada divertido.

Por lo demás, sé que no sois felices,

a lo mejor pensábais que todo el mundo os odia. Pues es cierto,

pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos

y no tenéis derecho

a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

Entonces, ¿estáis solos? Así es.

Aprended a ser libres, no esquivéis la mentira;

sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

Y sobre todo,

niños,

no creáis

que la vida merece la pena de vivirse

sólo porque lo juren desde siempre los peores cabrones.


1/5/09

84 Charing Cross Road

(No recuerdo de dónde saqué la foto upsss)

Hoy es la fiesta del trabajo y me he concedido el día completo de vacaciones.

Me voy a leer un rato y les dejo una recomendación de lectura. Una pequeña maravilla, breve, una delicia. Uno de mis libros preferidos, al que llegué hace años por recomendación de uno de mis amigos preferidos.

Aquí he encontrado enlaces para descargarlo, aunque es de esos libros que gusta tener, y volver a releer. Regalar y volver a comprar.

-. 84 Charing Cross Road descargar de Turboupload

-. 84 Charing Cross Road descargar de Scribd

-. 84 Charing Cross Road descargar en descarga directa

20/2/09

CocoRosie


 

cocorosie


 

"Terrible Angels" de CocoRosie se me adhirió por saturación, de tanto oirla en el coche y en la casa y en el coche y en la casa y en el coche y en la casa de JLP y Eva. Ya no me la he podido arrancar, forma parte de la banda sonora de mi vida.

  
Terrible Angels | Latest Music  


Según cuenta wikipedia, CocoRosie es un dúo norteamericano formado en 2003. Estilísticamente se podría clasificar su música como indie rock, indie electrónico o "dream pop",se caracterizan por un uso de la voz rasgada y despreocupada y de sintetizadores que a veces se reducen a simples sonidos de juguetes infantiles. Sus miembros, Bianca y Sierra Casady, son hermanas. Ambas son vocalistas. Sierra toca la guitarra y la flauta, mientras que Bianca se encarga de la percusión.

Las dos hermanas nacieron en Norteamérica, pero crecieron separadas. Se encontraron en París en 2003 y grabaron juntas su primer álbum: La Maison de mon Rêve, que vio la luz en 2004 con el sello Touch and Go Records. Durante el año 2004 no pararon de dar conciertos en Estados Unidos y Europa, giras en las que tocaron con TV on the Radio, Bright Eyes y Devendra Banhart, entre otros.


 

Hace unos días coincidí de nuevo con ellas en el recién descubierto blog de Pálpito.

 

Esta es su página oficial, tarda un poco en abrirse pero vale la pena esperar y luego curiosear por ella.

También tienen un MySpace donde oir lo último de su producción.


15/2/09

Bilingüismo, idiomas y educación sentimental

Hoy tomo prestado este poema de mi poeta de cabecera para hablar de los idiomas. Es algo que ya he escrito en otras ocasiones y que retomo ahora que algunos amigos catalanes me han preguntado de nuevo: ¿si eres catalana por qué escribes tu blog en castellano?.


José Luis Piquero

Retiro sentimental


En mi familia no se dijo nunca “te quiero”.
Jamás oí decir “lo siento” a mi padre o a mi madre.
No sé si era vergüenza: una ternura demasiado estridente para enser
         cotidiano.
¡Incluso leer poemas! Eso sí que era algo sospechoso,
tanto como una mancha repentina o un suspiro o una puerta cerrada
         con demasiada llave.
Nunca “amor”, “estoy triste” o “te echaré de menos”, ¡podía uno reírse
         de esas cosas!
Entiendo que hay un pacto tácito de pudor en algunos afectos, y no
         obstante
yo hoy llamo a eso la incomodidad con todo lo cercano.
La amputación de lo sentimental, estoy de acuerdo, nos hace mane-
          jables los rituales difíciles de convivir; una pequeña argucia.
Así el templo: las fórmulas, nada de desgarrarse.
En el templo, en la casa, como en un hospital, es necesaria la asepsia
          de los gestos repetidos, seguros:
Procura ser feliz de una forma privada.


Y, como añadidura, está el saqueo
de palabras por parte de películas y canciones idiotas y esas niñas con
         novios revoltosos en un parque, entre arbustos enanos.


Y hay a quien gustan mucho las escenas
y tocar la guitarra sentimental de todos los salones y de todas las playas
         adolescentes, lánguidas igual que un veraneo despacioso,
mientras algunos más nos quedamos a solas,
bebiendo (y arrugados como estúpidos plátanos),
pensando qué decir.


En mi casa jamás se dijeron en alto las cosas importantes.
Busca hoy dentro de ti una lágrima, un gesto de ternura:
Ya se nos hizo tarde para esas tonterías.





Dore-barbazul


Tomo el poema de Piquero para empezar a hablar de los idiomas porque en mi familia tampoco se dijo nunca "te quiero".

Bueno, en realidad lo que no se dijo nunca fue "t'estimo".

Y no se hablaba mucho ni muy a fondo de nada. No podías estar en desacuerdo, ni muy triste ni muy alegre, ni perder jamás el control, ni no saber qué te ocurría; ni, mucho menos, estar sintiendo nada contradictorio a la vez ( desear y temer, amar y odiar etc... que es lo que le ocurre la mayor parte de las veces a cualquiera).

Y eso está, pesa su falta en mi experiencia, en mi vida, y pesa en catalán, o, mejor dicho, no es una falta, "és una mancança". 


Fui una adolescente sufriente, me dolía la vida con esa intensidad que sólo los adolescentes pueden sentir (y que a los adultos parece gustarnos minimizar en un torpe intento de olvidar que nosotros también, hace años, padecimos ese modo de sentir fulgurante y atroz). Mis amigas y colegas siguieron siendo niñas durante mucho más tiempo que yo, quedaron atrás, cada vez más lejos, me abandonaron, me dejaron enormemente sola. Vivia en un pueblo pequeño, mis hermanas estaban en internados, yo había cambiado, no comprendía nada y no tenía con quien hablar.


Pero entonces descubrí los libros, y en los libros hallé los amigos que no tenía, gente que me acompañó: Mujica Lainez, Pavesse, Cernuda, Miguel Hernández, Hesse, García Márquez, Ernesto Sábato, Ester Tusquets, Camus... son algunos de los primeros que me vienen a la memoria.



Mis primeras lecturas "adultas" fueron caóticas y pésimamente elegidas (como con la música, parece que tenía un sexto sentido para encontrar lo que podía deprimirme más y mejor). Pero conversando con esos amigos, en castellano, fui montando lo que podríamos llamar mi segunda educación sentimental. A esas personas, a esos personajes de los libros, les ocurrían cosas parecidas a lo que me ocurría a mí: sufrían, no tenian las cosas claras, los abrumaba el desconcierto… y lo explicaban y se lo contaban los unos a los otros para intentar comprenderse, desentrañarse, des-extrañarse. Me enseñaban como identificar y nombrar las emociones... en castellano.

Las palabras para describir los paisajes interiores las aprendí en los libros, y en castellano. En castellano tomé contacto con la complejidad de la vida, la de los otros y la mía.



 Dore_pulgarcito


El castellano ha sido mi lengua de formación, académica y personal, escribo mejor en castellano, consigo ser más certera y ajustarme mejor a lo que quiero expresar. Aunque el catalán siempre va a ser mi lengua materna y de entraña, en la que vivo más en directo, con más contraste pero tal vez con menos matices, como ocurre en las fotos con demasiada luz. Es como si en catalán me faltaran los grises puesto que nunca pude hacer mías las palabras adecuadas con las que nombrar (aunque sólo sea en el interior de mi mente) emociones, sentimientos, actitudes, que o no existían o estaban prohibidas en ese período de infancia y aprendizaje. Sin embargo hay cosas que, probablemente sólo podré hacer en catalán: amar a mis hijos, gritar mientras los paría y, con toda seguridad si digo algo cuando sepa que me estoy muriendo, lo haré en catalán.



Las imágenes son grabados de Gustave Doré, para ilustrar cuentos infantiles.

Cuerpos animados


José Luis Piquero

RAQUEL (inédito)


Raquel, ¿qué te ha pasado

por la cabeza? Puede

que una de esas canciones de niños, tralará,

o quizá algo que no dijiste a tiempo

y que ahora no recuerdas.

Cosas que ponen triste. La tristeza,

la Puta,

se te ha prendido en las mejillas

como una araña.


Yo prefiero pensar en ti bailando,

en mi casa, no hace mucho de eso, y te aseguro

que tu sonrisa era la más bonita de la tierra.

Parecías un vaso o una fruta

hacia los que se alarga lentamente la mano:

algo para aprenderse de memoria.

Y sin embargo aquel no era tu sitio, ahora lo sé,

en esa desdichada felicidad de quienes lo dan todo y nunca hacen preguntas.

Raquel, eras un ángel que follaba y bailaba y bebía cerveza

pero los hombres nunca

te han tratado muy bien.


Lámete esas heridas, nenita, cógeme el teléfono.

El veneno del mundo te ha mojado los labios.

Sé sencilla.

Todos los hombres te desean pero

qué flores tan extrañas, ¿no es verdad?


Tú y yo sabemos tres o cuatro cosas

que dan para vivir

y nunca cometimos el error de acostarnos.

Raquel, quédate quieta entre las flores

e intenta ser feliz. Lo que hacen todos.





waterhouse_after_the_dance





Este es un poema lleno de amor, de aceptación afectuosa de las perfectas imperfecciones de los seres humanos. Es un ejemplo de esa mirada penetrante y sin concesiones, pero tierna, que sólo JL Piquero sabe prodigar a los juguetes rotos, pobres de nosotros machacados por la vida y sus circunstancias.

Como todo lo que escribe, me parece magnífico. Merecería más comentarios, pero le he pedido permiso al autor para utilizarlo porque necesitaba estos versos:


Parecías un vaso o una fruta

hacia los que se alarga lentamente la mano:

algo para aprenderse de memoria.



De este poema me gusta en especial esta imagen de un objeto bello o suculento que se desea tocar. No para poseerlo, sino para cerciorarse de que está ahí y que existe, para rozarlo y deleitarse con su presencia material.



A menudo me he preguntado por lo que hace que a ciertas personas nos apetezca tocarlas y a otras...no.

Es algo que no tiene relación directa con la belleza, y no me refiero especialmente al atractivo sexual. Hablo de un tipo de atracción más extensa e inconcreta, la que nos lleva a abrazar o desear tocar a nuestros amigos, o la que, simplemente, hace que toleremos o incluso busquemos la cercanía de ciertas personas, que les concedamos la oportunidad y el tiempo de compartir experiencias, que aprendamos a quererlas y a valorarlas hasta que se convierten en nuestros amigos.


Por supuesto que proporciona placer la contemplación de un cuerpo bello, pero es un placer estático además de estético... es autosuficiente, no nos arrastra a buscar la cercanía, es un placer completo en sí mismo, no necesita constatación ni contacto.

Lo que nos atrae a la aproximación, lo que nos hace a alguna gente atractiva... es el movimiento, el modo en que se mueven, cómo animan sus gestos. Ciertos gestos embellecen, hay ojos que se iluminan cuando detrás hay un ¡ajá, he comprendido!, o que chisporrotean deliciosamente por un momento antes de que se inicie una sonrisa...

Por el contrario, hay ciertos gestos que ablandan unas manos de por sí hermosas, o actitudes que retuercen y endurecen unas facciones en principio irreprochables.


Creo que no me atrae la gente especialmente guapa, sino la gente que se mueve de determinada manera. No es predecible ni racional, es algo que ocurre. Por eso confío poco en las fotos, sé que necesito ver moverse a alguien para saber si me cae bien.



Recuerdo tristes despedidas en salas de velatorios.

Esas personas amadas ya no estaban allí, únicamente teníamos sus cuerpos inmóviles, sin animación, sin esa particular e irrepetible forma de sonreír, aburrirse o demostrar enfado... Ni siquiera el cuerpo parecía el mismo.

Eran cuerpos inanimados porque el ánima anima al cuerpo y le da forma, lo hace bello porque le da sentido. Y su ausencia lo deforma, lo convierte en objeto inerte, absurdo... irreconocible.

Miramos ese cuerpo vacío anonadados por el dolor de la pérdida y no nos queda sino reconocer que lo que amábamos ya no está allí.



Cada cual le da sentido y ritmo a su cuerpo, le da esa manera única y personalísima de moverse, gesticular, entornar los ojos, estallar en carcajadas, apretar los labios, levantar las cejas, caminar deprisa o despacio, estirarse, disimular un bostezo, sentarse, escuchar a otro mientras se asiente con leves inclinaciones de cabeza, susurrar o gritar. El cuerpo es también el modo en que entonamos una pregunta o cambiamos de posición para preparar una confidencia.


Casi con independencia (o a pesar) de la racional lista de virtudes o defectos que puedan poseer, ese modo personal de moverse es lo que hace que ciertas personas me parezcan agradables o que experimente un rechazo irracional e injustificable hacia otras.



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Los cuadros son de John William Waterhouse, un pintor prerrafaelita.

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