4/3/16
7/2/14
ferozmente humanos
"En realidad, esta exposición es inédita en muchos de sus aspectos, ya que, a excepción del célebre trabajo sobre el Barrio Chino y la prostitución, acotado en unos pocos años a inicios de la década de 1960, la producción de Joan Colom sigue siendo bastante desconocida. Esa famosa serie de imágenes, que se ha convertido en una de las obras maestras de la fotografía del siglo xx, es tan sólo una pequeña parte de su archivo, aunque conforma sin duda el núcleo central de toda su obra."
Manuel López en Periodistas en Español, sobre la expo de Colom en el MNAC
Joan Colom es un buen fotógrafo, impecable en cuanto a lo técnico; escoge bien el tema, el encuadre, tiene excelente sentido de la composición de la imagen.
Lo que ya conocía de su obra, efectivamente, son esas magníficas fotos del raval con las prostitutas y el ambientillo marginal que ya debían resultar extraordinarias en su momento y que ahora, años después y patinadas por el encanto de las faldas de tubo y la foto en blanco y negro, resultan tan atractivas.
Con la distancia adecuada y bajo una buena luz hasta la pobreza adquiere una cierta dignidad.
Se llamaba a sí mismo el fotógrafo que hacía la calle y viendo sus fotos se confirma que allí pasó muchas horas, observando a sus semejantes, viendo la vida, fotografiándola para nosotros.
La exposición es tan extensa que uno acaba impregnado del modo de mirar de Colom, de lo que él bajaba a buscar a la calle cada vez que salía con su cámara... pero, además de la magnitud de la exposición, lo que me hizo percibir muy claramente esa mirada suya fue un video que recoge múltiples fragmentos de sus filmaciones.
Me fascinó, porque es una mirada curiosa que no obvia ninguna sombra, pero también es compasiva y tierna.
No tienen buena calidad, pero en esos retazos de filmaciones se puede seguir, aún con más claridad, el deambular de su mirada; se entiende perfectamente qué está mirando Colom cuando baja a la calle, en qué se fija, qué es lo que sigue y lo que persigue:
las chavalitas gitanas haciendo palmas para que una de ellas baile desplegando una energia y alegría salvaje ahí, en un rincón, ajenas al transcurso del resto del mundo...
la mujer mayor que camina penosamente porque le duelen los zapatos, por un momento parece que va a detenerse, quitárselos, pero no, prosigue, lenta...
los dos amigos que caminan abrazados entre los transeuntes, malvestidos, pobres, pero entre risas y disputas de broma...
el marinero borracho que zigzaguea por las Ramblas...
los niños jugando, los niños saltando, los niños descalzos, los niños haciendo trampas para que el más pequeño gane la carrera...
Confieso que el video me llegó a conmover de tal modo que se me escaparon unas lágrimas.
Me hizo entender que Joan Colom es el fotógrafo de la calle, sí, pero su tema no son las calles.
Ahora podemos darle el valor histórico a lo que él documentó, barrios y situaciones marginales, edificios, barraquismo... pero no es la arquitectura ni el urbanismo ni las calles lo que le hacía coger la cámara y pasear. A Colom le interesan los seres humanos que allí despliegan su existencia, los más frágiles y vulnerables, los desharrapados, los tullidos, los que no tienen nada, los que sufren, los que se muestran huraños y también los que, pese a todo, aún derrochan alegría, solidaridad, capacidad para ilusionarse.
El fotógrafo se deja enamorar por ellos... y en sus fotografías nos invita a que los apreciemos en su bajeza y en su grandeza, en su esplendor y en su miseria, tal como fueron: sucios, pobres y hermosos. Ferozmente humanos.
Fíjense en esta fotografía, miren a estos chicos. No me digan que no llevan escritos en su cara, en su pose, en su actitud, todo un pasado y, posiblemente, todo su futuro...
Una memorable exposición. Felicidades a los comisarios Jorge Ribalta y David Balsells y felicidades al MNAC por recuperar, reconocer y homenajear a lo grande a un fotógrafo imprescindible.
Muchas gracias, Joan, por permitirnos ver lo que tú veías.
| Ignasi Marroyo. Retrato de Joan Colom fotografiando en el Barrio Chino, 1961. Donación del autor. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona © Joan Colom |
30/7/10
7/12/09
2/11/09
que no te coman el alma las polillas
Ir dejando aquí mis cavilaciones para que las lean otros es un ejercicio enriquecedor, que trae información de vuelta, en ocasiones muy valiosa.
Resulta que miro. Que miro, y veo cosas, y me pongo a pensar. Y a veces lo cuento. Ahora aquí.
Tuve un novio, buena gente, un hombre cabal, que cuando le soltaba una de estas elucubraciones mías me decía que conmigo se sentía como en una peli de Woody Allen...

El sábado me fui al mercado. Hay que abastecer el hogar y alimentar adecuadamente a la prole, que están los dos en pleno boom de crecimiento y apetito voraz.
Me detuve en un bar del barrio a tomar un café. Un bar bastante cutre, todo hay que decirlo.
Conozco a varios de los parroquianos que compartían barra conmigo, algunos de ellos estaban de buena mañana frente a un vaso de vino, o a un carajillo, o directamente con una copa de coñac o de chinchón.
Me sorprendió el evidente estado alcohólico y degradado de uno de ellos, a quien suelo comprar en su parada. Lo vi con la mirada opaca, profundamente perdido, insatisfecho. Y es alguien aparentemente vivaz, suele estar muy dicharachero.
Salí camino del mercado con el run run en la cabeza.

Y mientras esperaba el turno en la frutería, en la pescadería o en la carnicería, iba pensando que uno puede aguantar todo un montaje vital a base de expectativas o de fingimientos, sí, pero sólo mientras se es joven. Sostener la falsedad es agotador.
Porque a medida que uno se acerca a la vejez, la vida se vuelve inclemente e implacable y nos deja desnudos y a la intemperie, solos con nuestra realidad. La que sea, la que para bien o para mal nos hayamos construído por dentro, lo que somos, lo que podríamos salvar en un naufragio... lo que se queda con cada cual cuando nadie le ve.
Ay del que se ha traicionado a sí mismo, ay del que no osó hacer lo que de verdad deseaba, ay del que no dijo lo que sabía que tenía que decir, del que claudicó sin pelear, del que se dejó llevar por miedo, cansancio o costumbre desoyendo su convicción profunda de que no, que por ahí no era...

Es triste salir del armario a los 50, pero peor es quedarse dentro de él hasta que es demasiado tarde, se te han comido el alma las polillas y no tienes en las manos más que arrepentimientos e insatisfacciones.
Y no me refiero a un salir del armario en un sentido de opción sexual, sino de opciones vitales, de valentía para ser honesto con como uno es, con sus propias y muy personales miserias y sus excelencias, con sus apetencias y sus fobias. A atreverse a acercarse a la gente que te hace vibrar y alejarse de los que empañan cualquier luz, a decir que no cuando sabes que es que no, a perseguir lo que deseas... a intentarlo, por lo menos.
Es corta la vida, y uno acaba por arrepentirse no de sus errores o de sus fracasos sino de lo que no se atrevió, de lo que no hizo.
Yo, para darme ánimos cuando flaqueo o me pongo miedica o acomodaticia (que es muy a menudo), procuro recordar una frase de mi cuñado, que me hace reír con ella cuando se pierde conduciendo y nos mete por lugares impredecibles: De los cobardes nada se ha escrito!
24/10/09
buen vivir
Pero hoy el sábado se regaló radiante, han subido las temperaturas y el aire estaba limpio y cristalino como ocurre pocas veces en esta ciudad mediterránea que suele jadear bajo una campana de contaminación y humedad.
He comido con unos amigos al lado del mar, y al salir del restaurante me ha encantado encontrarme a estos vecinos disfrutando del día y del clima.
La verdad que daba gusto verlos, tan contentos ellos jugando su partidita de cartas en la playa, echándose unas risas.
Unas cajas, unas cervezas, unas cartas y ...la buena vida.
A veces es tan sencillo...

El único detalle inquietante, por incongruente, era esa bolsa del IESE...
26/9/09
un papel en el suelo

Ayer por la mañana un hombre caminaba por la acera. Hizo el gesto de tirar un pañuelo de papel en la papelera, pero se le enganchó entre los dedos.
Le debió parecer demasiada molestia detener el paso, siguió caminando y se desprendió de él con un gesto brusco de la mano. Ahí quedó, un par de metros más adelante, en el suelo.
A mí, espectadora sentada en la parada del bus, me dio por pensar que la escena que acababa de contemplar era una metáfora de tantos actos fallidos en la vida... de lo que dejamos mal resuelto por no acabar de redondear el gesto, de lo que abandonamos a un paso de la consumación, de lo inconcluso por dejadez.
6/8/09
20/7/09
el sonido de los árboles

Vacaciones en Menorca. Ahora que mis hijos ya son mayores y no se despiertan temprano, ahora que podría dormir hasta las tantas… son los perros de mi amiga los que me despiertan cada día temprano. Son tres, y por la noche los dejamos dentro de casa para que no alboroten al vecindario, pero a la que ya hace un rato que ha amanecido están inquietos y necesitan salir al jardín… Se revuelven y empiezan a gemir, a penas un poco, discretamente, pero lo suficiente para despertarme.
Aprovecho para desayunar sola y disfrutar del frescor de la mañana, del silencio en el que se distingue el romper de las olas, de la transparente luz de esta primera hora.
Todo está en calma y aún adormecido, pero en la casa de al lado ya hay un jardinero haciéndole la manicura a las palmeras, serrándoles todas las hojas muertas. Lo observo encaramado a una palmera muy alta, él es un hombre joven y ha ascendido el primer tramo con una escalera, luego se sostiene con un cinturón, trepa contra ella abrazándola. De oficio: peluquero de palmeras.
Los vecinos tienen un jardín civilizado, con su gravilla, su piscina, su césped y sus palmeras recortadas. El de Mariona es un jardín espontáneo, desde siempre lo han dejado crecer a su aire, intrincado, con sus mimosas retorcidas, su buganvilla, el pino y su única palmera salvaje, al natural. Un descanso de sombra y frescor en las horas inclementes del mediodía.
Hace un par de días hizo mucho viento, y nuestra palmera fue una sinfonía.
¿Os habéis fijado alguna vez en que cada árbol tiene su música? Son como arpas al viento. Hay árboles silenciosos y árboles cantarines, árboles charlatanes y otros de pocas pero contundentes palabras. Me gusta escucharlos.
Entre los más rumorosos al menor soplo están mis preferidos, los chopos, que emiten un sonido ligero y algo ácido. También son muy musicales los sauces llorones que con el viento susurran y encadenan largas frases fricativas y armoniosas, envolventes. Y los álamos.
Las palmeras necesitan un viento un poco fuerte, pero entonces rumorean a gusto, aunque su canto es un poco inquietante, porque es crujiente y tiene algo de amenazador…
La vida urbana está continuamente expuesta a tanto ruido que, por pura necesidad, nos abstraemos y acostumbramos, nos volvemos sordos al rumor de fondo. Si estáis de vacaciones, aprovechad para sentaros debajo de un árbol, abrir de nuevo los oídos y escuchar su canto. Es gratis y es hermoso. Curativo.
18/6/09
10/5/09
20/4/09
azaroso azahar
Abajo:
turistas y ejecutivos, transeuntes indiferentes
recorren la acera, apresurados, ciegos, sordos a cuanto no sea su propio trajín
y .... anósmicos?

Pero a mí me ha llegado su llamada
y he levantado la cabeza.

Arriba:
el naranjo abre sus flores y expande el aroma de azahar,
feliz y esplendoroso como si en lugar de estar solo
y aislado en Passeig de Gracia
se hallara en estado de Gracia primaveral,
entre sus iguales, enmedio del naranjal valenciano.
18/4/09
4/4/09
Sábado, mercado
Mercat de Santa Caterina, en Isa siempre hay colaLa espera en la pescadería con una cañita se pasa mejor. Esta abuela hacía gala de una "joie de vivre" que ya la quisiera yo a sus años. Estaba encantada esperando su turno, aprovechando el rayo de sol y el sitio en el banco con un disfrute tan evidente que me ha sorprendido.
Bienaventurados los móviles con cámara pues nos permiten capturar instantes deliciosos de la vida corriente.
22/3/09
Sorolla a lo bestia
Hoy he ido a ver a Sorolla en el MNAC: es verdad, estaba abarrotado.Y mira que detesto las concentraciones humanas.
Pero es que entre semana me pilla fatal.
He salido encantada.
No hubiera robado ningún cuadro, son enooormes, pero con gusto me hubiese llevado bajo el brazo alguno de los muchos bocetos preliminares.
No sirvo para delincuente.
Al final me he ido con el póster que regalan i prou.
Qué gusto poder pintar así, se nota que ponía pasión y que disfrutaba de su trabajo.
Qué acierto el diseño de la exposición, muy bien distribuida, y con esos pequeños y conmovedores textos en la pared, en su caligrafía difícil, fragmentos de las cartas que le enviaba a su esposa describiendo como iba su proyecto, cuales eran sus intenciones.
Una buena exposición, no teman ser un visitante más.
8/3/09
viento en Catalunya Nord
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Ayer me fui de visita a la tumba de Antonio Machado en Collioure, unos días después del aniversario de su muerte... fue una visita en la intimidad, sin prisas.
Es una tumba muy sencilla, como a él le gustaba ser, pero estaba llena de cartas, flores y objetos que demuestran que a don Antonio, pese a estar lejos de su tierra, le sigue llegando mucho afecto. El cementerio es tranquilo y digno, y él descansa arropado por cinco hermosos cipreses.
Fue un sábado claro y con muchísimo viento. En Port Bou la tramuntana casi me arranca el móvil mientras intentaba filmar como se levantaba el agua.




Hubo un momento que no sabía si estaba paseando por un puerto pesquero o viendo una instalación de arte contemporáneo.











