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15/11/16

rodar, reír, Szerelempatak

Algo en facebook me ha llamado tanto la atención que he tenido que detenerme.
Me encanta cuando eso ocurre, cuando algo me hace preguntarme Pero, pero, pero... ¿esto qué es?



Era un gif de esos graciosos, indocumentados que dan vueltas por las redes, que nadie se molesta en saber de dónde han salido ni quien los rodó, ni quien se tomó la molestia de robarlos y convertirlos en objeto de consumo rápido y anonimizado. Ahí está, en poder de FB, ni siquiera he conseguido extraer el fragmento o encontrar quien hizo el gif.

Pero... es que no era gracioso, era delicioso.

Me ha conmovido.

Tanto, que necesitaba saber qué era.

Me ha costado un buen rato (y soy buena buscando cosas en la interné) pero al final he llegado al origen. Se trata de Una Película (así con mayúsculas en las dos):

Szerelempatak (Hungria, 2013) , y su directora es Ágnes Sós

Está disponible enterita en youtubeNo la he encontrado con subtítulos (Aunque no los necesita para comunicar).

Aquí les dejo una muestra de los últimos 5 minutos de la peli.
Para entender de qué hablo y cual es la escena que me ha capturado, está al final (para los apresurados, minuto 3:30 en adelante)

Miren a estas mujeres. Mujeres viejas, campesinas.
Mujeres mayores pero con la niña que fueron ahí mismo, a flor de piel.

Oigan cómo ríen, mírenlas disfrutar del placer de estar vivas en una tarde de verano. Sin más.




En apenas unos segundos he recuperado una sensación de infancia, el dejarme caer rodando por un prado, el mareo, la desorientación, las risas, el olor de la hierba...

La pura alegría.

Ya tengo edad de volver  a hacerlo.






24/4/14

Uppps!

Me acabo de dar cuenta de que hace diez días (y era una fecha chula: 14-4-14) que este blog cumplió años. Creo que van siete.


Siete años escribiendo!... de modo irregular, sí, a veces más a veces menos.

Pero aquí sigo.

Han ocurrido muchas cosas en mi vida en este tiempo, he envejecido, evidentemente, he sido feliz e infeliz... pero pese al paso del tiempo y sus desgastes aún continúo apostando, asombrándome a menudo, y trayendo aquí mis asombros.




Lo mejor del balance son, sin duda, los compañeros de viaje que he ido encontrando por estos caminos electrónicos. Los visitantes de estas páginas, los que se quedan a charlar, los que me ofrecen acogida, reflexión, placer y sorpresas en sus própias páginas, en las que me siento como en casa.

Cuando empecé a escribir como un acto solitario no imaginé que pudiera llegar a esto.

A los que venís a leer, a los que seguís viniendo: gracias.


13/4/13

El rinoceronte escuchando a Souvirón


El pasado fin de semana tuve el inmenso privilegio de asistir en Menorca a un curso de Talleres islados, el que impartió Bernardo Souvirón sobre Alejandro Magno.

El taller tenía lugar en la casa de Mongofre, cedida por la Fundació Rubió Tudurí.
El entorno es impresionante, ya ven la panorámica: en el extremo nordeste de la isla, en una finca enorme y con estas vistas: a un lado el mar y al otro la laguna, que esos días estaba roja y turbia a causa de las tempestades que nos acompañaron. Entre ambos unas colinas y campiñas que parecen sobrevivir en las afueras de la Historia (bien podrían ser idénticas a las que veía Alejandro) y que en esta primavera Menorquina relucían verdes y floridas.

paisaje de Mongofre

En cuanto a la casa... es un laberinto, quien sabe si con algún minotauro escondido, una acumulación de pasillos, salones y más salones, habitaciones descomunales, cuartos y cuartitos, rellanos, escaleras, patios, recibidores y más pasillos... el primer día me perdí varias veces.

Autorretrato como fantasma perdido en Mongofre
Quedé fascinada por las alacenas, en cualquier rincón había una armario repleto de vajilla. No sé en que momento esa casa habrá podido necesitar tantísimo ajuar...





El maravilloso comedor

Resultaba extraño estar allí, rodeados de recuerdos de una familia ajena, de cientos de objetos, de sus trofeos y botines de cacerías y actos sociales, con aparadores, mesas y mesitas atiborrados de fotos de la familia en bodas, bautizos y vacaciones, o acompañados por personajes de la vida pública de los últimos cincuenta años... me producía un cierto pudor y al mismo tiempo mucha curiosidad poder acceder a ese retazo de la privacidad de otros.





Un rincón para momentos de recogimiento: la biblioteca

Las clases se desarrollaban en el salón, donde instalamos el proyector y nos acomodamos en los sofás,   grandes y acogedores como una madre buena. 
Bernardo hablaba y se iluminaba, nos transportaba a otros tiempos y lugares bajo la atenta y miope mirada del rinoceronte... las palabras nos mecían y navegábamos por mares lejanos: macedonios, dorios, Termópilas, democracia, libertad, estrategia, polis, Gaugamela, oráculo, laberinto, πόθος (póthos), τιμή (timé) y κλέος (kléos) las palabras que definen a los héroes... 





No seguimos el programa, es cierto. Las clases eran también conversaciones fecundas, brotaban con la surgencia de las aguas desde los estratos profundos y repletos del mucho saber, espontáneamente y durante todo el día, durante el desayuno, durante la comida, la cena e incluso durante la noche, animados por el gintónic local...

Bernardo Souvirón es un apasionado de la historia, de Grecia y de Alejandro, un humanista y profesor de raíz y un excelente orador. Con una presencia física imponente, una voz embriagadora y una afabilidad envidiable, es de esos profes que a todos nos hubiese encantado tener, de los que te contagian su pasión y te pueden cambiar la vida.



A Bernardo Souvirón le surge hablar de la historia que tan bien conoce de modo espontáneo e imparable, como nos gustaría que fuera el amor. Le encanta hablar, escuchar y responder a las preguntas de sus alumnos, disfruta explicando y dando clases y allí tenía un grupo peculiar de personas con un interés común: que querían escucharlo. Una combinación feliz.


Hacía frío afuera, pero en el interior se encendían las palabras,  momentos de felicidad flotando e iluminando la noche como ascuas al viento. Se habló de un proyecto de viaje a Grecia, el mundo se hizo grande y posible, soñamos.

No es sólo por el amor que le tengo a Menorca, a Mariona y a su proyecto de poder sacar adelante estos talleres islados que son como una pequeña joya, rara y extraña, más brillante y valiosa si cabe en estos tiempos de crisis y primas de riesgo. 
No sólo por eso. 
Por la oportunidad de vivir una aventura y una experiencia únicas es por lo que les recomiendo que se animen a regalarse alguno de los Talleres islados. 
Porque son una ocasión de contactar con un autor de su interés en un entorno peculiar, con una cercanía e intensidad que no podrán tener de ningún otro modo: desayunando, comiendo, paseando con ellos, entrando en su mundo y dejándose seducir. Por la posibilidad de conocer a otras personas con intereses compartidos, estableciendo unas relaciones que se prolongan en el tiempo y son muy enriquecedoras. Porque es una oportunidad para el contacto humano y positivo, de esos contactos que, cuando ocurren, nos transforman y nos hacen mejores y más ricos. Por el regalo de vivir intensamente algo que realmente merece la pena de ser vivido.













20/4/12

y yo aunque esté callado doy las gracias


Jaime Gil de Biedma

Amistad a lo largo


Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
        Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban las noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.

Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
--esas que ya no dicen cosas--,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.

Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos a los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.


9/11/11

Es noviembre, llega la oscuridad

Hace seis años ya que perdimos a Jordi Mesalles.
Y en cada aniversario volvería a decir lo mismo: que aún sigo viéndolo por la calle, que lo echo de menos siempre.

Llegó noviembre. Jordi seguirá un invierno más jugando al escondite con nosotros, con su largo abrigo negro y su melena de indio, lo veremos doblar una esquina o creeremos oir su carcajada en un teatro. Luego llegará el verano y estará en la sombra que se diluye entre las rocas de Binisafúller... jugando a aparecer y desaparecer.

El próximo noviembre me encontrará igual de perpleja y volveré a preguntarme: ¿tanto tiempo, ya?.

http://cristania.tumblr.com/post/10893921377

Jordi Mesalles era una de las personas más inteligentes y lúcidas que he conocido, y también una de las más inexplicablemente inoperante con las cosas cotidianas, torpe en los asuntos domésticos hasta la desesperación, suya y de quienes tenía alrededor.
Tan listo y tan patoso.
Vertiginoso.

Hay cientos de anécdotas en uno u otro sentido. Muchísimas, un exceso. Como era casi todo en él: a lo grande.
Meses y meses después de su muerte Mariona aún encontraba encendedores y paquetes de kleenex en lugares insólitos, los perdía por todas partes.
Una vez lo habías oído reír ya no se podía olvidarlo: esa carcajada era el rayo y el trueno, daba miedo y a la vez le reconciliaba a uno con su animal cachorro del alma.
Jordi sabía mucho, lo había leído todo y lo recordaba todo, pero escribir un número en la agenda del móvil le parecía una misión imposible. Recuerdo su expresión de impotencia ante el aparato infernal.
En una ocasión para leer por la noche fue capaz de arrastrar una cama hasta la luz... en lugar de mover la ligera lámpara hasta la cama...

:)

Muchos le recordaremos con especial afecto porque nos regaló su mejor mirada sobre nosotros y nos descubrió tesoros que ni sospechábamos poseer. Sabía mirar y escuchar abiertamente, con curiosidad auténtica e interés; era un hombre brillante que no temía al brillo de los demás. No le incomodaba, al contrario: lo buscaba, sabía como encontrarlo dentro de cada cual y como hacerlo aflorar.
Creo que le gustaba ayudar a los otros a brillar con luz propia. En eso era muy generoso. Grande también.
Una virtud que se echa de menos en estos tiempos oscuros.

Podría redactar una larga lista, pero sé que lo quería como quiero a quienes amo desde debajo del esternón y desde el primer momento: porque sí.
Nos gustan las listas, pero en el fondo casi nunca sabemos qué hace que alguien nos quiera, casi nunca sabemos por qué queremos a alguien.
Sólo ocurre.



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