29/4/14

Sería feliz si yo supiera cómo

Descubriendo a Rosario Castellanos gracias a Javier Rodríguez Marcos



Rosario Castellanos:
AUTORRETRATO

Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.

Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.

Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)

Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.
Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
-aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio-. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.

Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
En general, rehuyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.

Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.

Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.
Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.

Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.

Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.

Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.

Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.

Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.

24/4/14

Uppps!

Me acabo de dar cuenta de que hace diez días (y era una fecha chula: 14-4-14) que este blog cumplió años. Creo que van siete.


Siete años escribiendo!... de modo irregular, sí, a veces más a veces menos.

Pero aquí sigo.

Han ocurrido muchas cosas en mi vida en este tiempo, he envejecido, evidentemente, he sido feliz e infeliz... pero pese al paso del tiempo y sus desgastes aún continúo apostando, asombrándome a menudo, y trayendo aquí mis asombros.




Lo mejor del balance son, sin duda, los compañeros de viaje que he ido encontrando por estos caminos electrónicos. Los visitantes de estas páginas, los que se quedan a charlar, los que me ofrecen acogida, reflexión, placer y sorpresas en sus própias páginas, en las que me siento como en casa.

Cuando empecé a escribir como un acto solitario no imaginé que pudiera llegar a esto.

A los que venís a leer, a los que seguís viniendo: gracias.


4/4/14

mientras las cosas

Alberto Durero, dibujo de ala, 1524

Tu cuerpo está a mi lado 
fácil, dulce, callado. 
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente 
con los ojos cerrados 
y yo te miro y fumo 
y acaricio tu pelo enamorado. 
Esta mortal ternura con que callo 
te está abrazando a ti mientras yo tengo 
inmóviles mis brazos. 
Miro mi cuerpo, el muslo 
en que descansa tu cansancio, 
tu blando seno oculto y apretado 
y el bajo y suave respirar de tu vientre 
sin mis labios. 
Te digo a media voz 
cosas que invento a cada rato 
y me pongo de veras triste y solo 
y te beso como si fueras tu retrato. 
Tú, sin hablar, me miras 
y te aprietas a mí y haces tu llanto 
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto. 
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas 
se ponen a escuchar lo que no hablamos.


Jaime Sabines

29/3/14

días de luz

Edward Hopper:  Interior Courtyard at 48 rue de Lille, Paris (1906) 


Ya vienen, se acerca la primavera, ¡ya están aquí!

7/3/14

sonría, por favor

Ferenc Berko, Denture Shop, Rawalpindi, India. 

...
Déjame que, con vieja
sabiduría, diga:
a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa, y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.

...

Claudio Rodríguez

25/2/14

algún específico protector


 Farmacia de guardia

No es Valium ni Orfidal,
no me ha entendido.
Se trata de la fe. Sí: de la fe.
Comprendo que es muy tarde
y no son horas
de andar telefoneando a una
farmacia
con tales quintaesencias.
Lo que yo necesito
para entrar confiada en el vientre
del sueño
es algún específico protector de
la fe.
¿Que le ponga un ejemplo más
concreto?
Pues no sé… Necesito
creerme que este saco
cerrado por la boca
y en cuya superficie
se aprecia la joroba
de envoltorios estáticos
puede volver a abrirse alguna vez
a provocar deseos y sorpresas
bajo la luz del sol y de la luna,
bajo el fervor clemente
de los dioses del mar.
¡Oh, volver a sentir lo que era
eso!
Y ni siquiera necesito tanto
—ya es menos lo que pido—;
simplemente creerme
que un día lo sentí
intempestivamente
cuando más descuidada andaba
de esperarlo,
y supe con certeza
que sí, que se podía,
que un corazón doméstico
cuando al fin se desboca
es porque está latiendo sin
saberlo
desde otro muy cercano.
Ya. Que no tienen nada.
Pues perdone.
Comprendo que es muy tarde
para hacerle perder a usted el
tiempo
con tales quintaesencias.
Ya me lo figuraba.
Buenas noches.


Carmen Martín Gaite



7/2/14

ferozmente humanos

El Museu Nacional d'Art de Catalunya expone la obra completa de Joan Colom.


"En realidad, esta exposición es inédita en muchos de sus aspectos, ya que, a excepción del célebre trabajo sobre el Barrio Chino y la prostitución, acotado en unos pocos años a inicios de la década de 1960, la producción de Joan Colom sigue siendo bastante desconocida. Esa famosa serie de imágenes, que se ha convertido en una de las obras maestras de la fotografía del siglo xx, es tan sólo una pequeña parte de su archivo, aunque conforma sin duda el núcleo central de toda su obra."
 en  Periodistas en Español, sobre la expo de Colom en el MNAC 

Joan Colom es un buen fotógrafo, impecable en cuanto a lo técnico; escoge bien el tema, el encuadre, tiene excelente sentido de la composición de la imagen.

Lo que ya conocía de su obra, efectivamente, son esas magníficas fotos del raval con las prostitutas y el ambientillo marginal que ya debían resultar extraordinarias en su momento y que ahora, años después y patinadas por el encanto de las faldas de tubo y la foto en blanco y negro, resultan tan atractivas.

Con la distancia adecuada y bajo una buena luz hasta la pobreza adquiere una cierta dignidad.


Se llamaba a sí mismo el fotógrafo que hacía la calle y viendo sus fotos se confirma que allí pasó muchas horas, observando a sus semejantes, viendo la vida, fotografiándola para nosotros.

La exposición es tan extensa que uno acaba impregnado del modo de mirar de Colom, de lo que él bajaba a buscar a la calle cada vez que salía con su cámara... pero, además de la magnitud de la exposición, lo que me hizo percibir muy claramente esa mirada suya fue un video que recoge múltiples fragmentos de sus filmaciones.

Me fascinó, porque es una mirada curiosa que no obvia ninguna sombra, pero también es compasiva y tierna.



No tienen buena calidad, pero en esos retazos de filmaciones se puede seguir, aún con más claridad, el deambular de su mirada; se entiende perfectamente qué está mirando Colom cuando baja a la calle, en qué se fija, qué es lo que sigue y lo que persigue:

las chavalitas gitanas haciendo palmas para que una de ellas baile desplegando una energia y alegría salvaje ahí, en un rincón, ajenas al transcurso del resto del mundo...

la mujer mayor que camina penosamente porque le duelen los zapatos, por un momento parece que va a detenerse, quitárselos, pero no, prosigue, lenta...

los dos amigos que caminan abrazados entre los transeuntes, malvestidos, pobres, pero entre risas y disputas de broma...

el marinero borracho que zigzaguea por las Ramblas...

los niños jugando, los niños saltando, los niños descalzos, los niños haciendo trampas para que el más pequeño gane la carrera...


Confieso que el video me llegó a conmover de tal modo que se me escaparon unas lágrimas.
Me hizo entender que Joan Colom es el fotógrafo de la calle, sí, pero su tema no son las calles.

Ahora podemos darle el valor histórico a lo que él documentó, barrios y situaciones marginales, edificios, barraquismo... pero no es la arquitectura ni el urbanismo ni las calles lo que le hacía coger la cámara y pasear. A Colom le interesan los seres humanos que allí despliegan su existencia, los más frágiles y vulnerables, los desharrapados, los tullidos, los que no tienen nada, los que sufren, los que se muestran huraños y también los que, pese a todo, aún derrochan alegría, solidaridad, capacidad para ilusionarse.

El fotógrafo se deja enamorar por ellos... y en sus fotografías nos invita a que los apreciemos en su bajeza y en su grandeza, en su esplendor y en su miseria, tal como fueron: sucios, pobres y hermosos. Ferozmente humanos.

Fíjense en esta fotografía, miren a estos chicos. No me digan que no llevan escritos en su cara, en su pose, en su actitud, todo un pasado y, posiblemente, todo su futuro...



Una memorable exposición. Felicidades a los comisarios Jorge Ribalta y David Balsells y felicidades al MNAC por recuperar, reconocer y homenajear a lo grande a un fotógrafo imprescindible.

Muchas gracias, Joan, por permitirnos ver lo que tú veías.


Ignasi Marroyo. Retrato de Joan Colom fotografiando en el Barrio Chino, 1961.
Donación del autor. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona © Joan Colom




Barceloneses, no hay excusas. El martes 11 de febrero, la Filmoteca de Catalunya organiza una sesión de homenaje al fotógrafo con la proyección de su película SENSE TÍTOL, de 1960, y del film de Enric Ripoll i Freixes y Josep Maria Ramon, EL ALEGRE PARALELO, de 1963.

El miércoles 12 de febrero la exposición de MNAC prolongará su horario de apertura al público hasta las 20 h y a partir de las 18 h la visita será gratuita.

31/1/14

Quememos, no pudramos, lo que somos. Ardamos.


Beato de Fernando I y Sancha  folio 230 v. (detalle)

Los días van tan rápidos


Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación 
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones                                                                                                                             
una semana más, los días van tan rápidos 
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro 
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas. 

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera 
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura 
donde termina el hueso, me voy a mi semilla, 
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas 
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas 
y los meses gozosos que espero todavía. 

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse 
de haber entrado en este juego delirante, 
pero el espejo cruel te lo descifra un día 
y palideces y haces como que no lo crees, 
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.                                           
Si eres mujer te pones la máscara más bella 
para engañarte, si eres varón pones más duro 
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa, 
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto: 
así es que lo mejor es ver claro el peligro. 

Estemos preparados. Quedémonos desnudos 
con lo que somos, pero quememos, no pudramos 
lo que somos. Ardamos. Respiremos 
sin miedo. Despertemos a la gran realidad 
de estar naciendo ahora, y en la última hora.


Gonzalo Rojas (De Contra la muerte, 1964)

16/1/14

y ya ves

Anita Ekberg, Marcello Mastroianni & Fellini in Fontana di Trevi, Roma.


BAEZA


Pensé que la juventud no volvería,
pero he sido joven de nuevo.
Y no quiero decir que tenga edad
como para ir cayendo en la tragedia.
Pero hay una juventud de la sorpresa,
una juventud en el milagro,
en el vivir aquí fuera del tiempo,
que creí que ya me quedaba lejos.
Y ya ves,
y estoy aquí, 
para esto vivo.

Inés María Luna (Morón de la Frontera, España)

Via EMMA GUNST
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