31/1/14

Quememos, no pudramos, lo que somos. Ardamos.


Beato de Fernando I y Sancha  folio 230 v. (detalle)

Los días van tan rápidos


Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación 
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones                                                                                                                             
una semana más, los días van tan rápidos 
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro 
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas. 

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera 
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura 
donde termina el hueso, me voy a mi semilla, 
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas 
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas 
y los meses gozosos que espero todavía. 

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse 
de haber entrado en este juego delirante, 
pero el espejo cruel te lo descifra un día 
y palideces y haces como que no lo crees, 
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.                                           
Si eres mujer te pones la máscara más bella 
para engañarte, si eres varón pones más duro 
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa, 
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto: 
así es que lo mejor es ver claro el peligro. 

Estemos preparados. Quedémonos desnudos 
con lo que somos, pero quememos, no pudramos 
lo que somos. Ardamos. Respiremos 
sin miedo. Despertemos a la gran realidad 
de estar naciendo ahora, y en la última hora.


Gonzalo Rojas (De Contra la muerte, 1964)

4 comentarios:

  1. .
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    --.___((_) ★MaRiBeL★

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  2. Siempre me ha llamado la atención las maneras en las que nos enfrentamos a una de las pocas certezas de la vida: su final.
    Volver "a mi semilla" ... Qué bonita y dulce me llega esa manera de percibirlo!
    Quiero seguir planeando por la vida. Sin agotar las alas en ese batir rápido que no deja mirar, siquiera. No quiero prisas. Ni para vivir, acuciada por el tiempo fugaz. Me roban la intensidad en la que he elegido ser.
    Y sé que hay momentos en los que me arrastran en picado (no soy tan ingenua) ... pero siempre acabo volviendo a la corriente de mi arroyo.
    Un rato puedo ser pescado, rosa al otro.
    Tantas maneras de alimentar el fuego ...

    Petó.

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    1. En algunos momentos posteriores a un gran dolor, con la pérdida de alguien muy amado, me he sentido iluminada y con una lucidez increíble. Plenamente consciente de lo frágil y maravillosa que es la vida, de nuestro derecho y deber de gozar de cada instante...
      Pero luego, lamentablemente, esa lucidez se pierde, me distraigo de nuevo, me enredo en los pequeños problemas y pesares y olvido arder a cada momento.
      Hay que recordarlo.

      Petó

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Me gusta saber que hay vida ahí afuera. No te cortes, anda, cuéntame...

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