29/4/14

Sería feliz si yo supiera cómo

Descubriendo a Rosario Castellanos gracias a Javier Rodríguez Marcos

Foto: Alexis Vasilikos
Rosario Castellanos:
AUTORRETRATO

Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.

Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.

Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)

Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.
Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
-aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio-. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.

Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
En general, rehuyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.

Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.

Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.
Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.

Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.

Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.

Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.

Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.

Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.

8 comentarios:

  1. ¡Cómo he disfrutado de este poema! Un secreto, yo también lloro cuando se quema el arroz.
    Un beso, amiga!

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    1. ¡Pues cómo me alegra que tú también lo hayas gozado, Paz!
      Una mujer a descubrir.

      Gran abrazo, amiga mía.

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  2. me ha gustado mucho este poema transparente y lúcido

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    1. Gracias por venir y comentar, aunque sea anónimamente...
      (lo del anonimato me inquieta)

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  3. Impactante!
    Me he visto en ese espejo que devuelve tan feo, tan ridículo.
    Me he visto entre líneas, a ratos.

    Pero crucé el bosque para vivir en él.
    Y volví a confiar en la amistad ... culpa de algunas brujas.
    Cómo llega ese sufrir por hábito ...!
    Cómo resuena ese no conocer los gestos ...!

    Pero no sé si quiero saber cómo.
    Porque no sé si me haría feliz, saberlo ....
    Creo que prefiero que me sorprenda, como hasta ahora, la felicidad, con sus ramalazos, cuando quiera, cuando pueda.

    Lloro por todo. Siempre lo he hecho.
    La sal encharca mis ojos desde que recuerdo sin previo aviso y sin posibilidad de contención por mi parte. Por la más grande de las tragedias o el más nimio de los detalles.
    Propios o ajenos. Da igual.
    Con o sin sentido para el otro. Da igual.

    Hoy son amigas, las lágrimas. Y las escucho por encima del ruido que grita si son apropiadas o no ...

    Porque, muchas veces, son de felicidad.

    Qué precioso poema!

    Un abrazo!


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    1. Sí, Marta, es un poema impactante porque tanto si te identificas con alguno de sus versos como si no, es -como apuntaba nuestro anónim@ visitante- un poema transparente y que percibimos muy real.

      Yo tampoco dejo de abrazar árboles en cuanto puedo y hace mucho que valoro a mis amigas como uno de mis mayores tesoros... los espejos son amigos o enemigos según el día y sí, también lloro cuando se me quema el arroz.

      Besos

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  4. Anónimo2/5/14 17:07

    Anonymous anterior...
    es que no seguía su blog, me parecía usted muy intelectual, pero he recapacitado; si no le importa, le leo.
    Un saludo.

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    1. Recapacitar es de intelectuales... Jeje.
      Léame y siga por aquí, lo pasamos bien, ya verá.

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