3/6/09

corre, corre

Por supuesto no soy una nativa digital... dentro de ná cumpliré los 45 y a duras penas me voy manteniendo más o menos al día de lo que acontece en el proceloso océano digital 2.0. Mis circunvoluciones cerebrales se plegaron y tomaron forma con otro tipo de estímulos pero, qué remedio, se adaptan como buenamente pueden a lo que les doy de comer .

Con decir que aún me acuerdo de la línea de comandos del dbaseII y III (ese único y jodido puntito blanco parpadeante en la inmensidad del fondo negro) o de que Mayúsculas +F7 era "Imprimir" en Wordperfect... queda claro que provengo de otros mares, que mi ritmo de aprendizaje y asimilación natural era, es, otro.
Más el de la palabra impresa que el de las pantallas cambiantes, la sobreinformación y la simultaneidad de "inputs" de la sociedad digital.

A veces me aturde tanto bombardeo continuo. Como decía, mi procesador es de los antiguos, sin núcleos ni esas cosas, como mucho debo tener instalado un pentium.

Ayer mismo Sueños de la Razón (otro que se acuerda de WPerfect) se soltaba la melena en un post sobre el aburrimiento del 2.0, la repetición de novedades, la saturación conversacional, el cortypega, la multiplicación de feeds por leer cual panes y peces... en la web se habla mucho de web, y además se repite lo dicho. Es lo malo de multiplicar panes y peces, que el menú resultante es poco variado. Pan y pez, un bocata. Y hay que comerlo deprisa, son tiempos de info-fast-food.

La foto de pared con muestras de color es de Roberto Fernández Bécares (gracias)

Y además parece que el medio impone su propio ritmo. En la pantalla leemos de modo ansioso y compulsivo. Sin darnos el tiempo de gozarlo, sólo haciendo pequeñas catas superficiales, como si en lugar de sentarnos a comer tranquilamente picáramos cuatro cosas de pie y a toda prisa. Y así cada día.

Es tan fácil acceder a la información, se genera continuamente tanta, que ya no es problema encontrar contenidos interesantes, el problema es organizarse para poder consumirlos.
Porque los consumimos, le entra a uno como una aceleración y cuesta encontrar el tiempo para detenerse, leerlos con calma, saborearlos, meditarlos.
Ya no leemos el correo, lo "procesamos", no hay tiempo de más. El correo es una carga añadida al trabajo, una demanda más, no es algo esperado... aquella carta que te guardabas para "leerla después", a solas, con calma y dedicación.
Leemos la web en diagonal, de negrita en negrita y a -casi- nadie se le ocurre soltar un post que requiera más de dos minutos para ser leído. Vade retro.



En ocasiones me pongo melancólica y echo de menos esa otra manera de hacer, de descubrir, de aprender. De enterarme de menos cosas pero enterarme mejor.

Y hoy que me salen las referencias bíblicas, lo confieso: mea culpa, peco continuamente, yo soy la primera.

En mis navegaciones por la red he ido descubriendo blogs que me interesan, escritos por gente que sabe, que comunica bien, que cuenta de modo ameno... Muchos de ellos llevan una andadura a sus espaldas y sé que en sus "archivos" hay mucho y muy bueno por leer.
Algunos blogs, los dedicados a "las novedades de la red", no merecen una revisión arqueológica porque el paso del tiempo desactualiza sus contenidos, pero muchos de los que prefiero son de reflexión personal y sus aportaciones son tan interesantes hoy como hace dos meses o dos años, cuando fueron publicados.

Podría explorarlos con calma, pero, la verdad es que nunca encuentro el momento. El murmullo de las saltarinas aguas de las actualizaciones y la novedad me atrae y me distrae de mi propósito de inmersión sosegada en las profundidades de mis blogs preferidos.

Y eso, hay días como hoy, que me produce una cierta melancolía.

Añoro otros momentos en que no descubría blogs sino libros, en que encontrar un autor significaba hacerme con su obra completa y leerle cuanto pudiera, pidiendo los títulos y esperando a que llegaran uno tras otro a la librería... a veces eran meses enteros de convivencia con un autor, fueron García Márquez, Sábato, Pavese, Mishima, Durrell... no sé, he olvidado casi todo, pero seguro que de un modo u otro están en mí.

Claro que en esos tiempos yo también disponía de mucho más tiempo propio...

Tal vez sólo se trate de eso, de momentánea melancolía carcamal y de que, es verdad, ya empiezo a ser mayor.

8 comentarios:

  1. Deliciosa reflexión! Y además, compartida. Ya me sabe mal aportar mi granito de arena, pero creo que es de obligado retwitteo. Al fin y al cabo, su difusión no va a tener nada que ver con términos como infoxicación.

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  2. Yo no he tenido tiempo de leer tu artículo pero lo retuiteo ahora mismo ;-))

    No creo que sea melancolía echar de menos el tiempo. Yo creo que es ansías de compartir y de volar entre tantos contenidos y personas interesantes, y frustración por pensar en lo que inevitablemente se pierde.

    Como me decía una amiga, dejé la universidad con pena porque no me dio tiempo a seguir conociendo a tantos buenos compañeros... Esa pena la sentimos multiplicada por 10 en un sólo día, compañera.

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  3. He vivido la reflexión...como si hubieras desvanecido la niebla...gracias.

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  4. ¿No ha sido siempre así? Hacer una cosa es dejar de hacer otra. Puede que ahora lo tengamos más fácil para echarle la culpa a todo esto de la infoxicación. Es cierto que manejamos más canales que nunca pero no más de los que somos capaces de manejar. Detenerse y reposar la mirada o el pensamiento es una opción en todo momento, igual es que hemos relajado eso, la capacidad de decidir y nos dejamos llevar por las informacioncillas que van y vienen...

    O no. ;) En definitiva, si nos hemos parado a leer tu entrada... es que aún podemos reposar la mirada.

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  5. Gracias a todos por los comentarios y por deteneros a leer este montón de párrafos, no lo he contado, pero creo que son más de dos minutos. Se agradece la dedicación y... no tengo tiempo de más. ;-DDDD

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  6. Me pasa como a ti (yo llegué a tocar una videoescritura de IBM, no te digo más, la prehistoria en estado puro), pero cuando siento la rabia por no poder leer detenidamente todo lo bueno que encuentro, pienso que ni lo conocería, ni probablemente existiría, si no fuera por estos "tiempos modernos" que nos arrastran. Nunca escribí un diario y ahora mantengo un blog bastante activo, ¿por qué?, pues porque hay gente que, a veces por casualidad, otras porque enlazan un enlace, van y me leen... y se sienten acompañadas en su pensamiento, como yo hoy leyéndote a tí.
    Gracias por alegrarme el día, ahora sé que no soy la única "moderna" que a veces (sólo a veces) añora otros tiempos... ¡y eso es saber mucho!

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  7. .
    la verdad, arati, es que este post lo he leído dos veces en dos veces distintas que he entrado, de manera que he superado la media que tú dices con creces y ahora me animo a contestarte para decirte que hay soluciones a eso de volver a leer libros o de sosegarse en la apreciación del trabajo de los demás en la red, según mi experiencia personal:

    para lo primero: tirar la tele a la basura

    para lo segundo: romper con tu pareja


    [espero que te funcione!]

    saludos
    .

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  8. Francesca: sí, es esa melancolía que apunta Yoriento de no poder con tanto, una especie de "colapso del deseo"...

    Me ha ocurrido siempre en las bibliotecas, especialmente en las antiguas (ah, la escenogafía adecuada me pierde): la del Escorial, la Stahov... me producen una sensación de angustia ante tanto y tan bello que hay allí y que ni en mil vidas eruditas es alcanzable.
    Salgo de esos sitios con una especie de abatimiento, con mi única vida y mi ninguna vocación de erudita.

    Pero saberes aparte, esta es la maravilla de la web: encuentras. Inesperadamente encuentras puntos en común, acompañamientos, complicidades.


    Maniasmias: Pase, pase y comente, está en su casa, yo quejiqueándome de que nos leemos en diagonal y tú vas y me lees dos veces!

    La receta que propones para conseguir tiempo, seguro que funciona, pero igual no hace falta ser tan drástica... jeje. Lo cierto es que veo muy poco la tele y de la pareja me quité, pero la vida tiene sus obligaciones y quehaceres diarios y la capacidad, por lo menos la mía, sus límites. Además si no duermo mis horas no soy persona.

    Claro que se encuentran huecos, imprescindible saber encontrarlos. Como es imprescindible redescubrir el placer de no hacer. De desconectar del mundo, de estar ausente (porque de niñas sabíamos hacerlo).

    Me gusta que os hayáis detenido a charlar.

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Me gusta saber que hay vida ahí afuera. No te cortes, anda, cuéntame...

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