10/12/10

Ahora no me va bien

Entre esas muchas clasificaciones posibles, hay una que dice que en este mundo hay dos tipos de personas: los que se hacen responsables y los que tienen excusas. 
Cuando tratas con los primeros es suficiente la palabra dada, con los segundos nunca se sabe cuando se puede contar y más vale prepararse... y tener con qué pagar a un buen abogado.


Louise Hopkins White black black white, 2005


Llevaba días pensando en escribir algo sobre este tema cuando se me adelantó Nacho con su post El valor de la palabra dada, y digamos que buena parte de las reflexiones que yo hubiera podido hacer ya están expuestas, magníficamente, en Congestión de Personas.

Pero me quedaban algunas vueltas, ya adentrándome más en lo personal.

Alguna vez leí, (no recuerdo dónde, se agradecerá una pista), que en cada casa las paredes susurran.
Lo que susurran las paredes es el acervo de la familia: la sabiduría y también los prejuicios fundamentales, esas cosas que constituyen el peculiar carácter de cada grupo familiar. Ni siquiera deben ser verbalizadas, existen de modo natural e irreprimible, están, no es necesario teorizarlas.
Los susurros de las paredes forman parte de la infancia de cada cual, es la base sobre la que uno crece y conforma su carácter, bien asimilando o rechazando esas enseñanzas.




Fiona Banner: Black Hawk Down, 2010, Tinta china sobre pared, instalación en la South London Gallery

Mis ancestros vivian en una zona dura de montaña. Eran payeses, luego fueron transportistas, criaban y comerciaban con caballos, yeguas, mulos, burros... Una o dos veces al año se acudía a las ferias donde se compraba y se vendía el ganado, en un par de días se resolvían las ganacias o pérdidas del año: se afianzaban negocios, se cerraban pactos... nunca con papel. La palabra bastaba. Una palabra dada sellaba un contrato que debía cumplirse.
En esa sociedad, en ese entorno, de la fiabilidad de la palabra dada dependía el prestigio y las posibilidades de negocio de la familia, es decir: su supervivencia. Perder la confianza en la palabra que dabas era como perder la acreditación para participar en el intercambio económico, o estabas dentro o estabas fuera. Lo dicho había que cumplirlo.

A menudo he pensado que esos orígenes tienen algo que ver con que en la casa de mi infancia las paredes susurrasen con tanta insistencia en el valor de la palabra dada y en la necesidad de mantener los pactos.



Cy Twombly Letter of Resignation (detalle), 1959-67


Luego, claro, una crece y aprende a base de tortazos que en cada casa se aprenden cosas distintas, que hay compromisos muy volátiles y responsabilidades de conveniencia, que hay para quien lo que vale es lo que le va bien en cada momento, que hay personas en quienes se puede confiar y personas en quien no. 
Tarde se aprende lo sencillo, dice el refrán,


Afortunadamente, también, a medida que una sigue creciendo comprende que se puede elegir de qué lado estar.
Y yo decidí que prefiero vivir cumpliendo mis compromisos y confiando en que hay con quien se puede contar: me siento mejor así.

De los otros... procuro alejarme, simplemente.

13 comentarios:

  1. Soy un ser simple, lo reconozco, me gusta la puntualidad, me gusta saber el precio de las cosas (no nací para regatear) me gusta el orden (tal vez "demasiado" ordenado todo) tengo una mente estructurada (seguramente por eso me hice ingeniero.

    Por otro lado .... nací en un "país" donde sobrevivir era cuestión de saber quien es de fiar y quien no, donde y cuando se podía hablar y donde ni se te ocurriese, mi familia es de "guerreros aguerridos" aunque creo que nos costó algunas generaciones y muchos muertos llegar hasta aquí.

    Me ha fallado gente que sabía a ciencia cierta que me apuñalaría por la espalda, pero "me deje" .... es lo peor de saber las cosas .... creo que en algunos océanos me metí por voluntad propia, a estrellarme contra las rocas .... para aprender que puedo con ello, que salgo indemne, que la Vida coloca todo en su sitio y, que la mayoría solo hacen lo que hacen porque su nivel de ignorancia es elevado.

    Y no se porque te cuento todo esto, pero me ha salido casi de tirón .... y soy un ser confiado e ingenuo (mi marido dice que solo cuando quiero jajajajaja) tal vez eso es lo que se llama "intuición"
    Me gusta tu blog.

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  2. @Juana A mí tampoco me gusta llegar tarde, ni que me hagan esperar... y eso que no me considero especialmente estructurada ni soy ingeniera sino que hice Bellas Artes...

    Me encanta que me cuentes todo esto y más, a mi blog le gustan tus visitas ;-)

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  3. Cada vez estoy más convencida de que ser confiado es una actitud. Una buena actitud. No por nada, sino porque miro a mi alrededor, y a los desconfiados se la meten tan doblada como a los confiados, sólo que los desconfiados están todo el día esperando que les jodan, y eso, no es vida.
    Quizás lo que mola es, como dice Juana, aprender a discriminar a quién arrimarnos y a quien no.

    Pero yo venía aquí a decir que sí, que las paredes oyen, y se quedan impregnadas con lo que ahí pasa. Si no, no entiendo como hay lugares que dan buen rollo y otros que dan mal rollo. Y tampoco entiendo lo mucho que hay que esforzarse en limpiar paredes de mal rollo cuando pasa algo...

    Toma ladrillaco!

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  4. Me ha gustado mucho este post. Qué bien oir hablar de algunos valores, de confianza, lealtad, de lo que aprendemos en casa y conservamos. Palabra. Qué bien elegir seguir creyendo y confiar en lo primero, en lo esencial y poder alejarse de los otros.
    ¿Susurraban las paredes de la casa de Aureliano Buendía y Úrsula en Macondo o eran sólo las faldas de Úrsula trajinando por ella? No sé.

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  5. Coincido contigo en la reflexión y me gusta mucho lo de las paredes. Una parte nada agradable de mi trabajo consiste en gestionar la desconfianza (tengo un post sobre ello http://goo.gl/aHbjR ) y es realmente extenuador estar siempre con el putadómetro activado a ver por donde te van a salir.
    Y con los años (ains!) he aprendido a valorar mucho el poder estar tranquilo con mi conciencia...
    Gracias por la reflexión

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  6. Esas paredes que susurran. ¡Cuánta razón tienes! Y no lo había oído decir antes. Me ha gustado mucho la entrada. Palabras dadas, sí, también debes saber quien te la da.
    Saludos.

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  7. He llegado a conocer gente que no era capaz ni de cumplir la palabra que se daba a sí mismo... A esos ni caso, que no valen ni el tiempo que se pasa sufriendo por sus tropelías (esta palabra le va a gustar a Tona, lo sé). Precioso post Judith... ¿ha vuelto blogger a ser amiguito tuyo y te deja ya comentar?... ¡Buen fin de semana!

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  8. Yo creo que es un tema de comodidad. Yo profiero acercarme a ese tipo de personas, por simple egoísmo y practicidad. No me gustar estar pensando si alguien me puede fallar o no.

    (aclaro que procuro corresponder no fallando yo tampoco, para resultar igual de práctico a los demàs)

    Pero en esto esta muy claro que a la larga ser responsable sale a cuenta, se tardan unos años en verlo, pero con el tiempo resulta evidente.

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  9. Pues fíjate que las paredes de mi casa escucharon desconfianza, más que otra cosa.

    Fueron tantos los tortazos que daría mi padre cuando joven (yo aún sin nacer) que al educarme recuerdo siempre su preocupación para que andara alerta con los desconocidos, esos que siempre me los presentaba como caprichosos egoístas. Y yo siempre me rebelaba ante esa desconfianza: "Que el hombre es un lobo para el hombre", decía él... "que no, que el hombre es bueno por naturaleza", pensaba yo. Luego, de mayor, los tortazos me los di yo.

    Me da que las paredes no susurran los que escuchan, sino lo que verdaderamente sienten sus moradores.

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  10. @Tona tarde o temprano alguien nos va a engañar, a decepcionar, por supuesto. Tampoco vale la pena estar mientras tanto amargándose, no? aunque, por otro lado, no debe confundirse esa actitud de confianza con la de ser bobos.

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  11. @Jose me alegra que aprecies un post como este, que según como puede parecer, yo que sé... antiguo?
    Las paredes susurran, y las faldas también ;-)

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  12. @Luis Me gusta eso de que estar siempre con el putadómetro activado es agotador. Hace tiempo que pienso que la gente desconfiada (se cree el ladrón que todos son de su condición) lleva su propio infierno encima.

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  13. @Igor: las paredes que susurran... es una bella imagen, verdad? por eso la retuve a pesar de que no he conseguido recordar de dónde la saqué. Por más que me empeñe. Mecachis.

    @Francesca: como ves respondo tardísssssimo a vuestros comentarios, pero ya no ocurrirá más: a partir de ahora ya puedo responder puntualmente, tengo ordenador nuevo!!
    Sí, hay quien no merece mucha consideración, a quien no hay que creer nunca, ni de quien no se puede esperar demasiado... pero se tarda en aprender eso, y se tarda aún más en aprender a distinguir las churras de las merinas ;-)

    @Kedume, pues eso, que el ejercicio de aprendizaje lleva su tiempo, pero merece la pena. Y sí, uno acaba por intentar actuar con coherencia con uno mismo... no sé si por "ética" o por llana comodidad. No hacerlo resulta muy trabajoso, es cierto.

    @Nacho efectivamente, ahí está el asunto, en que lo que las paredes susurran son las palabras interiorizadas por la familia, no las que se dicen. En ocasiones los dos discursos pueden incluso ser contradictorios... las paredes susurran una cosa y tus padres te repiten una y otra vez un discurso que pretende ahorrate malas experiencias. Aunque eso, ya se sabe, no sirve de mucho. Cada cual necesita sus propios tortazos.


    Muchas gracias a todos por venir, por comentar y por perdonarme que haya tardado tantísimo en responder.
    No volverá a ocurrir, ya tengo ordenador nuevo en casa.
    Gracias a un amigo.
    Tengo unos amigos que no me los merezco, jolín.

    Esto... voy a soltar unas lagrimillas.

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Me gusta saber que hay vida ahí afuera. No te cortes, anda, cuéntame...

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