14/7/14

madres cuánticas

Que levante la mano el/la padre/madre de adolescentes que no se ha visto diciendo aquello de

"Recoge tus cosas! Que estoy harto/a de que lo dejes siempre todo por en medio" o
 "Aún no has hecho lo que te he pedido" o
"¿Cómo que ya está? así está a la mitad, hazlo bien" y etc, etc, etc, etc, etc, etc....

(Paréntesis 1: a partir de aquí abandono el lenguaje políticamente correcto y donde digo madre pongan padre si se sienten identificados)
(Paréntesis 2: si no se sienten identificados... malo, porque sólo les queda identificarse con el adolescente... y por ahí cerca  habrá una madre previsiblemente harta de tener un hijo de más. Se lo piensen)

© Martin Parr / Magnum Photos. 'Los inconformistas'. Palau de la Virreina, 2014

La desgana de los adolescentes puede ser tan exagerada que en ocasiones nos hace temer que padezcan algo grave y siniestro. Padres, madres: no os asustéis, no están enfermos, no tienen  ninguna enfermedad neuromuscular, ni degenerativa, ni de otro tipo: es sólo pereza.
Eso sí, se trata de una pereza selectiva.

Los adolescentes parecen disponer de unas energías desbordantes para algunas cosas como pegar alaridos, hablar por teléfono o wassapear, ver videos de youtube y seguir una serie en la tele simultáneamente, pueden saltar, bailar o patinar durante horas, etc...  y, sin embargo, sufren una falta de fuerza muscular alarmante para las actividades que no les interesan, rayando la parálisis cuando se trata de cosas tan extenuantes como introducir una taza en el lavavajillas.
Pueden trotar seis horas seguidas por una montaña el día que les apetece, pero están agotados antes de intentar acercar su ropa sucia a la lavadora.

Y ya lo más de lo más de las misiones imposibles: reponer un rollo de papel higiénico (en lugar de dejar el cilindro de cartón ahí colgando, con un minúsculo último resto, un inútil trocito de papel para que no les puedas recriminar que se lo han acabado).

También son ciegos a innumerables cosas, su visión selectiva afecta especialmente a los objetos que las madres crueles dejamos en medio del pasillo o ante la puerta de su habitación, pensando -ingenuas de nosotras- que se verán obligados a recogerlos. Pues no.
Se les activa una especie de piloto automático que les permite pasar por encima decenas de veces sin ver el asunto...y sin tropezar. Pero la alarma de "debería recogerlo" nooooo, esa no funciona.


La adolescencia implica convertirse en master del universo del escaqueo.


Té de Aniversario, templo metodista de Boulderclough/. 1975-1980. © Martin Parr / Magnum Photos

Ser madre en estas situaciones es fatigoso, pero...

¿acaso no lo recordáis?
¿no recordáis lo agradable que era tener una madre que se encarga de que todo funcione, esté limpio y se localice?

Ay, ¡esa figura omnipresente pero en la sombra!, las pobres madres a veces nos quejamos, pero luego seguimos en ese trabajo de hormiguita, transparente y tan poco valorado...

Yo recuerdo perfectamente lo agradable de esa sensación de que alguien haga algo por ti.
De saber que hay alguien que siempre está de guardia.
De que si ahora tienes prisa, o pereza, y no lo acabas como es debido... alguien sí lo hará después.

Ay, esa sensación ligera de no ser la responsable última de todo.

Hace mucho que sólo tengo la sensación de no encontrar nunca nada mejor de lo que lo dejé.
O ni siquiera igual... casi siempre cuando vuelvo está peor, mucho peor y vuelta a empezar. O abroncas o te pones a recoger o las dos cosas a la vez.

Y sí, tengo fresco aún el recuerdo de disfrutar del misterioso orden cósmico.
De gozar sin preguntarme sobre el itinerario de la ropa -desde el cesto de la ropa sucia a aparecer plegada y planchada en el armario-.

¿Cómo no recordar con melancolía ese tiempo en que los rollos de papel higiénico se regeneraban solos, en que la nevera se rellenaba de modo aparentemente espontáneo y en que bastaba dejar el tiempo suficiente algo en el suelo para que regresara a su lugar?.
Simplemente ocurría: la leche derramada desaparecía, los cajones se cerraban, ... todo regresaba a su punto de partida y el orden se reiniciaba una y otra vez. Mágicamente.

Estar en primera línea de madre supone añorar mucho a la propia madre. Valorarle, por fin, esas interminables jornadas laborales, todos los días del año. Ese trabajo sin vacaciones.

(Gràcies, mare)

Supone también añorar a Ana, alguien que reparaba y ordenaba el mundo por mí.

Sí, ya sé que me repito pero, ya ven, lo del trabajo doméstico me aburre y me cansa y también a mí, a estas alturas, a veces...  me encantaría poder escaquearme.

Por lo menos vengo y lo cuento.
Alivios, oigan.


Dicen que es la mecánica cuántica, pero yo empiezo a creer que son las madres las que mantienen el cosmos en marcha y los planetas rodando en sus órbitas, ordenados y sin salirse.



Las fotos de Martin Parr son de la estupènda exposición en La Virreina. Ojo los de Bcn: se acaba a final de mes, no se la dejen pasar.

1/7/14

mantenga limpio internet

Imagen: wikipedia
Hoy me he tomado el día libre porque tengo algunas cosas que hacer ( y no, no son croquetas, pero tampoco voy a aclararlo, llámenme misteriosa).

Me he propuesto empezar bien el día y disfrutar de ese momento mágico consistente en regodearme en la idea de que eran las nueve de la mañana y yo NO estaba en la oficina.

He preparado la escenografía y me he instalado a tomar un café relajadamente en el balcón mientras repasaba mis listas de Twitter.

Que es como si dijera "mientras ojeaba la prensa", pero con el añadido de que los artículos de prensa me los pre-seleccionan una gente muy maja, inteligente e interesante, que tengo en unas listas estupendas, a la que he ido testando a lo largo de años y cuyos destacados me parecen fiables y relevantes. Que el señor acreciente sus rebaños, yo siempre les estoy agradecida.

Todo maravilloso y la escenografía perfecta.

Y así de sopetón, las tres noticias a las que he ido a caer de buena mañana han sido:

Un halo de basura espacial rodea la tierra
Hay plástico en todos los mares del mundo
Las marcas emiten a diario gran cantidad de contenido basura



ORIGINAL: Information from National Oceanic and Atmospheric Administration.
Graphic made by 
Oliver Lüde Gestaltung. Found on Earth Hour.

A partir de ahí me he puesto otro café y he empezado a rumiar que si algo distingue al ser humano de los animales es nuestra capacidad de generar basura, por tierra, mar y aire.

Y también en internet.
Las marcas quieren vender.
Hoy en día para vender hay que estar en internet.
Para que te conozcan en internet hay que generar contenido, ¡para triunfar y vender hay que generar contenido!, ¡¡el contenido es el rey!!
(lo dicen todos los guruses del tema, desde los que lo son merecidamente, a los que han llegado hace seis meses y publican cada día en su blog recetas mágicas y consejos tengo).

Pues ¡venga contenido! Ahí estamos: terabytes y terabytes y ultramegasúpergigaterabytes de contenido prescindible, publicitario o, a lo menos peor, repetitivo.

Y es que contenido, lo que se dice contenido propio y genuino... tenemos el que tenemos y salvo algunos seres humanos excepcionales, la mayoría tenemos lo que se dice "lo normal", o una cosa modesta, como de ir diciendo algo de vez en cuando y poco más.

Con las marcas, las páginas webs, los blogs... pasa lo mismo, pero como "hay que publicar" y "hay que llenar", pues publicamos porquerías o vamos y robamos por ahí y lo ponemos como si se nos acabase de ocurrir.

Hace poco comentaba que

"Será la edad que me vuelve intolerante: Me van cabreando en progresión astronómica los sitios que no producen y sólo reproducen, los que viven de vampirizar contenidos enteros de otros y se quedan tan anchos con una misérrima mención enlazando con un "fuente" chiquitito abajo. Si cuela, cuela."

Entre una cosa y otra estamos llenando internet de basura, también.

Hemos llenado el mar de basura, la tierra la tenemos llena de basura, el espacio lleno de basura... internet parecía el último escape posible y ya ven, tampoco.

Habrá que regresar a las bibliotecas.



ADDENDA: Lean también Tener, almacenar, guardar, en Yorokobu










11/6/14

nada es nuestro

François Chauveau (1613–1676) : Carte de Tendre




  • "Casi todo es de otros. Ni siquiera lo que sienten por nosotros es nuestro. Ni lo que no sienten. Uno sólo tiene lo que siente. Con esa tinta escribe"

    Olga Bernad


    Aquí está su blog
    Y su perfil de facebook

    29/5/14

    los hombres


    Rayo de sol en el museo de Olimpia. Foto: J. Gallimó

    Maya Angelou
    LOS HOMBRES

    Cuando era joven, solía mirar
    Detrás de las cortinas
    A los hombres que iban y venían por la calle. Hombres viejos, borrachos.
    Hombres jóvenes, más ácidos que la mostaza.
    Los veía. Los hombres siempre
    Están yendo a alguna parte.
    Ellos sabían que estaba ahí. Con quince
    Años, y famélica.
    Se paraban bajo mi ventana
    Con los hombros en alto como los
    Pechos de una adolescente,
    Y la cola del traje palmeándoles
    Las nalgas,
    Los hombres.

    Un día te toman con delicadeza
    entre sus manos, como si
    Fueras el último huevo crudo de la tierra. Después
    Aprietan. Un poquito no más. El
    Primer estrujón es agradable. Un abrazo rápido.
    Suaves hasta tu indefensión. Un poquito
    Más. Y empieza a doler.  Te arrancan una
    Sonrisa que patina en el miedo. Cuando
    Se acaba el aire,
    El cerebro te explota, estalla breve y ferozmente
    Como la cabeza de un fósforo. Hecho trizas.
    Es tu jugo
    El que baja por sus piernas. Manchándoles los zapatos.
    Mientras la tierra vuelve a enderezarse,
    Y el gusto trata de retornar a la lengua,
    Tu cuerpo ya se cerró. Para siempre.
    No existen llaves.

    Despues la ventana se cierra toda sobre
    Tu mente. Ahí, detrás
    Del oscilar de las cortinas, caminan los hombres.
    Sabiendo algo.
    Yendo a alguna parte.
    Pero esta vez, nada más voy a
    Pararme y mirar.

    A lo mejor.




    In memoriam Maya Angelou, que murió ayer a los 86 años

    26/5/14

    cambia como el agua

    Hilda Doolittle
    Las Islas (1921)

    El sol languideciendo en Sunium (Σούνιον) Foto: J. Gallimó

    I

    ¿Qué son las islas para mí,
    qué es Grecia,
    qué son Rodas, Samos, Chios,
    Paros que mira a Occidente,
    Creta?

    ¿Qué es Samotracia,
    que asoma como un barco,
    Imbros que desgarra con el pecho las olas
    enfurecidas?

    ¿Qué son Naxos, Paros, Milos,
    el círculo en torno a Licia,
    las Cíclades
    collar blanco?

    ¿Qué es Grecia-
    Esparta, que asoma como roca,
    Tebas, Atenas,
    qué es Corinto?

    ¿Qué es Euboia
    con sus lilas autóctonas
    qué es Euboia, cubierta de pasto,
    incrustada de súbitos bancos de arena,
    qué es Creta?

    ¿Qué son las islas para mí,
    qué es Grecia?




    Adiós isla, hola isla. Foto: J. Gallimó




    II
    ¿Qué puede darme el amor de la tierra
    que tú no me hayas dado-
    qué saben los altos espartanos,
    y los pueblos más gentiles del Atica?

    ¿Qué poseen Esparta y sus mujeres
    que importe más que esto?

    ¿Qué son las islas para mí
    si te extravías-
    qué es Naxos, Tinos, Andros,
    y Delos, broche
    del collar blanco?





    Llegada a Delos, espectacular silencio. Foto: J. Gallimó


    III

    ¿Qué puede darme el amor de la tierra
    que tú no me hayas dado,
    qué puede quebrar en mí el amor de la contienda
    que tú mismo no hayas destruido?

    Bien puede Esparta penetrar en Atenas,
    Tebas provocar la ruina de Esparta,
    cada una cambia como el agua,
    la sal, se eleva para sembrar el terror
    y retrocede.




    (Ediciones Angria 1992, tomé aquí la traducción de María Negroni y Sophie Black)




    Me debo uno o varios posts sobre Grecia, o no. 
    Mientras tanto... 


    También podéis leer esta entrada: Anuncios. Aurora Luque

    29/4/14

    Sería feliz si yo supiera cómo

    Descubriendo a Rosario Castellanos gracias a Javier Rodríguez Marcos

    Foto: Alexis Vasilikos
    Rosario Castellanos:
    AUTORRETRATO

    Yo soy una señora: tratamiento
    arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
    para alternar con los demás que un título
    extendido a mi nombre en cualquier academia.

    Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
    yo soy una señora. Gorda o flaca
    según las posiciones de los astros,
    los ciclos glandulares
    y otros fenómenos que no comprendo.

    Rubia, si elijo una peluca rubia.
    O morena, según la alternativa.
    (En realidad, mi pelo encanece, encanece.)

    Soy más o menos fea. Eso depende mucho
    de la mano que aplica el maquillaje.
    Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
    -aunque no tanto como dice Weininger
    que cambia la apariencia del genio-. Soy mediocre.
    Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
    y, por la otra, me da la devoción
    de algún admirador y la amistad
    de esos hombres que hablan por teléfono
    y envían largas cartas de felicitación.
    Que beben lentamente whisky sobre las rocas
    y charlan de política y de literatura.

    Amigas… hmmm… a veces, raras veces
    y en muy pequeñas dosis.
    En general, rehuyo los espejos.
    Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
    y que hago el ridículo
    cuando pretendo coquetear con alguien.

    Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
    que un día se erigirá en juez inapelable
    y que acaso, además, ejerza de verdugo.
    Mientras tanto lo amo.

    Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
    Hablo desde una cátedra.
    Colaboro en revistas de mi especialidad
    y un día a la semana publico en un periódico.

    Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
    nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
    atravieso la calle que me separa de él
    y paseo y respiro y acaricio
    la corteza rugosa de los árboles.

    Sé que es obligatorio escuchar música
    pero la eludo con frecuencia. Sé
    que es bueno ver pintura
    pero no voy jamás a las exposiciones
    ni al estreno teatral ni al cine-club.

    Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
    y, si apago la luz, pensando un rato
    en musarañas y otros menesteres.

    Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
    diferenciarme más de mis congéneres
    que por causas concretas.

    Sería feliz si yo supiera cómo.
    Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
    los parlamentos, las decoraciones.

    En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
    es en mí un mecanismo descompuesto
    y no lloro en la cámara mortuoria
    ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

    Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
    el último recibo del impuesto predial.

    24/4/14

    Uppps!

    Me acabo de dar cuenta de que hace diez días (y era una fecha chula: 14-4-14) que este blog cumplió años. Creo que van siete.


    Siete años escribiendo!... de modo irregular, sí, a veces más a veces menos.

    Pero aquí sigo.

    Han ocurrido muchas cosas en mi vida en este tiempo, he envejecido, evidentemente, he sido feliz e infeliz... pero pese al paso del tiempo y sus desgastes aún continúo apostando, asombrándome a menudo, y trayendo aquí mis asombros.




    Lo mejor del balance son, sin duda, los compañeros de viaje que he ido encontrando por estos caminos electrónicos. Los visitantes de estas páginas, los que se quedan a charlar, los que me ofrecen acogida, reflexión, placer y sorpresas en sus própias páginas, en las que me siento como en casa.

    Cuando empecé a escribir como un acto solitario no imaginé que pudiera llegar a esto.

    A los que venís a leer, a los que seguís viniendo: gracias.


    29/3/14

    días de luz

    Edward Hopper:  Interior Courtyard at 48 rue de Lille, Paris (1906) 


    Ya vienen, se acerca la primavera, ¡ya están aquí!
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